Antología Poética

La selección poética que recogemos en estas páginas no tiene otra pretensión que la de rescatar del olvido los nombres de ciertos poetas que, en ya lejanos días, rindieron culto fervoroso a su valle nativo. En ellos nos será dado apreciar una poesía de sabor terrígeno y de espíritu romántico que corresponde al discurrir de la época y el medio en que vivieron. Una poesía, en términos generales, romántica y sensitiva de la que no escapan, desde luego, la sencillez, la emoción ni la ternura. Y, de otra parte, pretende dar a conocer la obra de quienes en épocas más recientes también recibieron los dones miríficos del canto y han prolongado así, con ímpetu emotivo, las raíces poéticas de sus mayores.

A todas luces, como podemos verlo, se trata de una poesía desigual y varia en su contenido y en su forma. Una poesía que mana en diversas épocas y que fluye de sentimientos y temperamentos disímiles en manera alguna puede presentar unidad. Y es apenas natural que así ocurra, al igual que su valor intrínseco, sujeto a las modalidades cambiantes del sentimiento y la imaginación, e igualmente a la variedad de matices en su manifestación armónica. Ninguno está exento del continuo fluir de las cosas y del constante vértigo universal de las almas y de los seres. Ya lo sabemos desde tiempos inmemoriales: todo fluye, todo cambia.

Aparte de esta consideración nos queda lo relacionado con el criterio de esta selección, que puede ser acertado o equivocado. La alternativa es implacable y corresponde, desde luego, a los críticos y lectores esta apreciación. De todas maneras, en un emprendimiento de esta naturaleza resulta imposible complacer los gustos de todos los lectores, mayormente en cuanto hace con la percepción estética.

A este respecto tenemos el convencimiento de que los gustos de las gentes son varios y ondulantes; por tanto, lo que a uno gusta a otro desagrada, y lo que para unos constituye lo mejor para otros viene a ser nada menos que todo peor. Con razón hace varios milenios escribió la armoniosa y poética pluma de Malón de Chaide: Bien sabemos que el ingenio humano no se contenta de una manera ni con las mismas cosas; y así de lo que a unos parece bien de eso mismo murmuran otros, y aquellos admiran y engrandecen lo que estos abominan y burlan.

Teniendo en cuenta el número de autores aquí congregados y dadas la extensión y diversidad de las obras publicadas debemos confesar que esta labor no ha sido fácil. De todas maneras, confiamos no defraudar a los inspiradores y mecenas de este homenaje; a los poetas que aún viven y hacen parte de la obra; a sus familiares todos, ni a quienes se adentren en las páginas de este caudal poético.

Quizás queden por fuera otros nombres que prolongan las raíces poéticas de este linaje y que bien pudieron acrecentar el telar mágico de este florilegio. Será muy grata y bienvenida su próxima revelación.

Réstanos consignar la expresión de nuestra gratitud y reconocimiento a quienes nos prestaron su colaboración para llevar a término este compromiso, particularmente a los miembros de la familia Gamboa aquí en Colombia y en San Salvador, en especial a un Quijote de la Lengua Castellana, nuestro querido Armando Gamboa, quien falleció antes de ver esta obra publicada: al lejano colaborador infatigable José Ricardo Leiva Llerena y al poeta Hugo Cuevas-Mohr y la Fundación Verso a Verso para la difusión de la poesía, alma, sangre y nervio de esta prolífica realización.1 El recuerdo del poeta Isaías Gamboa, en la fecha centenaria de su muerte, ha sido el motivo cardinal de esta convocatoria. No pasar inadvertida esta conmemoración es un gesto que enaltece a quienes la propician y reanima el espíritu de cuantos aún creemos en los dones infinitos de la inspiración.

El apellido Gamboa, desde finales del siglo XIX hasta los tiempos actuales, prolonga el patrimonio lírico de la paradisíaca comarca del Valle del Cauca. Un apellido de la más acrisolada estirpe intelectual que les hace honor a las letras colombianas, primordialmente en cuanto hace con el discurrir de la creación poética.2

Con esta convicción y esta devoción abramos las puertas que nos llevan al encuentro maravilloso y sorprendente de esta dinastía de poetas, que nos invita a disfrutar el arpegio de sus cantos.

Julio de 2004
VICENTE PÉREZ SILVA
Bogotá, Distrito Capital

Nota: Varias anotaciones en el escrito de don Vicente Pérez Silva, además de las notas a pie de página, fueron escritas por Hugo Cuevas-Mohr para complementar la información, producto de la recopilación de nueva información sobre la familia en Octubre de 2009.

1Un agradecimiento especial a la Fundación Escribir No Muerde, de Miguel Fernando Caro Gamboa, quien continuó desde 2004 la búsqueda de recursos y fondos para la publicación de esta obra con entidades públicas y privadas. Aunque sus esfuerzos fueron en vano, su interés y dedicación fueron motores para que esta obra haya sido impresa.
2Darío Henao Restrepo, Profesor de la Universidad del Valle, al analizar Tierra Nativa de Isaías Gamboa dice: “Los estereotipos tradicionalistas fueron la fuente de muchos relatos como la novela corta Maríana (1917) de Ramón Franky, Amelia (1924) de Guillermo Franky, La tierra desnuda (1920) de Gregorio Sánchez Gómez, Eufrosina de Alejandría (1924) de Francisco María Rengifo y Ruta negra (1939) de Antonio Gamboa”. No sabemos si Antonio Gamboa pertenece a la rama Gamboa que en este libro nos ocupa.