Carlos Hugo Gamboa

Carlos Hugo Gamboa Molina nació en Cali el 21 de junio de 1926. Nieto de Ezequiel Gamboa Herrera (hermano de Isaías) fueron sus padres Carlos Gamboa Young y Rosa Amelia Molina Mendoza. Estudió Filosofía y Letras y Pedagogía en la Universidad Javeriana de Bogotá y luego realizó una especialización en Rehabilitación y Educación Especial. A los doce años, como consecuencia de un accidente, queda ciego. Sin embargo, el adolescente se sobrepone a tan dura prueba y prosigue el curso de su vida. En el despertar de su juventud se ha partido en dos el devenir de su existencia. Al correr de los días sus sueños discurren matizados por su afición a la música y la creación poética. Siendo un experto en la escritura mediante el sistema Braille, ejerció durante algún tiempo labores de importancia en el Instituto Nacional de Ciegos–INCI.

Por fortuna, tanto el poeta como el sabio Fortunato Pereira Gamba, 27 que en día infausto también perdió la visión, saben muy bien que a medida que la vista fisiológica se pierde la vista síquica se anima interiormente, y que cuanto menos se ve hacia fuera más se mira hacia adentro. Todo un acontecer paradójico que traspasa el cauce indescifrable del misterio.

La inspiración de Carlos Hugo Gamboa es innata y fecunda. El soneto es el género retórico de su predilección, por cierto, desde época lejana el más exigente en el contenido y en la forma que, infortunadamente, ha venido a menos en los tiempos actuales. Ha preferido siempre (según su sentir) la factura del soneto por breve y musical.

Así lo demuestra plenamente el libro titulado Manos de arcilla sonetos dispersos y los contenidos en el libro de poemas Más allá de la noche, aún inédito. El primero de los nombrados lleva al comienzo un poema de Octavio Gamboa en el que trasluce el reconocimiento de los dones que adornan al cantor de su estirpe. Imposible no darlo a conocer:

EL POETA HUGO GAMBOA

Hugo Gamboa es un poeta,
que de niño perdió la luz,
se le volvió niebla nocturna,
revés doliente del azul.

Se le apagaron los paisajes
Y no pudo seguir el sol
que si nace blanco en el alba
muere rojo en el arrebol.

Mas le quedó la poesía,
persistente rumor del mar,
oleaje de la belleza,
comarca de la eternidad.

Lleva el silencio de la mano
omo un invisible lebrel
y una guitarra como un río
que comienza y termina en él.

La guitarra y la poesía
continúan en su corazón,
tacto se vuelven en sus manos
y escala trémula en su voz.

Milton y Homero lo señalan
y lo llenan de claridad,
lo preceden con sus cayados,
embellecen su soledad.

Tuvo su origen en el cerro
familiar donde yo nací,
el que levanta a las estrellas
la llamarada que hay en mí.

Octavio Gamboa

Es preciso decir, igualmente, que Carlos Hugo Gamboa cultiva con especial devoción intelectual el género poético llamado haiku, poemas de diecisiete sílabas, repartidas en tres versos. Fruto de esta inquietud contamos con el libro, lamentablemente inédito, que lleva el nombre de Por la huella de Bashó; recordemos que Bashó (1644-1694), de personalidad serena y profundamente religiosa, fue un devoto de Zen, para quien el haiku era un camino de perfección.

En entrevista realizada para el documental Los Gamboa: Una Dinastía de Poetas Carlos Hugo nos relata su experiencia como poeta invidente:

…recordar casi compensa, y aunque yo no veo actualmente, me imagino todo lo que vi, guardo las imágenes visuales que yo capté, con sus formas y colores, de tal manera que yo puedo hacer el bosquejo de una mariposa, de una persona… lo puedo hacer a grandes rasgos; yo incluso combino los colores. Por eso en la poesía no encuentro dificultad porque cuando digo “el cielo azul” yo inmediatamente recuerdo el color azul del cielo…

En fin, fáltame decir que si Octavio Gamboa habitó en la región sideral de las estrellas, Carlos Hugo Gamboa vive en el ámbito indiscernible de las sombras ignotas, prodigándonos, para nuestro deleite, el prodigio inefable de sus cantos**.

27 Fortunato Pereira Gamba fue un científico profesor de la Universidad Nacional de Colombia que tras llegar a Pasto, Nariño, en 1904, contribuyó a la creación de la Facultad Nacional de Matemáticas e Ingeniería y a la consolidación de la Universidad de Nariño fundando la revista de Ingeniería y estableciendo uno de los mejores laboratorios de minería y química, lo cual le dio gran auge a la Universidad.

** Hugo Gamboa fallecíó en Enero 16 de 2018

Bibliografía

  • Manos y Arcilla sonetos dispersos, Muller hermanos Ltda. y Gamboa, Cía. Ltda., Cali, 1983.
  • Más allá de la noche. Inédito.
  • Cali (dos sonetos), en Tertulias del “Cali Viejo”, Segundo libro, Cámara de Comercio de Cali. Centro de estudios Históricos y Sociales “Santiago de Cali”, Feriva Editores S.A., 1998. Págs. 56 – 57.
  • Los Gamboa: Una Dinastía de Poetas, Documental realizado por la FUNDACIÓN VERSO A VERSO, Cali, 2003

 

La Poesía de Carlos Hugo Gamboa

 

Respuesta

(a una niña)

Ser ciego es percibir el universo
en una dimensión desconocida;
es no hablar del dolor ni de la herida,
o hacerlo sólo en música o en verso.

Es batallar con denodado esfuerzo
por alcanzar la meta prohibida,
es inventarle encantos a la vida,
para ganársela al destino adverso.

Es perseguir con decidido paso
el sueño de oro y el esquivo anhelo,
sin temor al tropiezo ni al fracaso.

Es intuir la beatitud del cielo,
y ver a Dios. Y niña, si es el caso,
adivinar tus ojos y tu pelo.

 

Una Canción

Una canción emerge de una rosa
bajo la lluvia cálida y serena,
como el llanto furtivo de una pena
en las pupilas de una niña hermosa.

Una canción es una mariposa
que vuela de la caña de una quena
al diapasón de una guitarra buena
y en un rincón del corazón se posa.

Una canción, como una perla, yace
en el fondo del mar, de donde aflora
cuando muere un amor, o cuando nace.

Por eso una canción a veces llora
de tristeza, y a veces se deshace
en alegría de luz, como la aurora.

 

Destino

Tenía que ser así: estaba escrito
que la luz en el cielo se apagara
y a mis pies el sendero se borrara
y la noche llenara el infinito

Y así fue: tras un golpe, tras un grito,
se extendió por el cielo una mampara,
y la estrella que fúlgida brillara
no alumbró más la senda que transito…

Tenía que ser así: que yo anduviera
por senderos de sombras y abrojos,
te encontrara y tu amor me redimiera.

Y así fue: a la lumbre de tus ojos
en mi senda hubo luz, y primavera,
al primer beso de tus labios rojos.

 

Presencia

Si te preguntan por mi vida, diles
que vivo aún, que todavía no muero;
que todavía me sobra sol de enero
para el ocaso gris de mis abriles.

Que no llegó el metal de los serviles
a doblegar el temple de mi acero;
que aún el bronce y el laurel prefiero
al fácil galardón de áureos perfiles.

Que aún no tengo el corazón enfermo;
que el alma llevo entre rebelde y mansa,
pero a la hora de la lid no duermo.

Que, no teniendo un acre de labranza,
estoy abriendo surcos en el yermo,
para sembrar hectáreas de esperanza.

 

La Hora

Llegó la hora; todo se ha cumplido:
el llanto en las campanas y en los ojos,
el silencio, los cirios, los despojos
y la marcha final hacia el olvido.

Alma, te vas sin rumbo conocido,
por senderos de espigas o de abrojos,
hacia el edén tal vez de tus antojos,
o tal vez al descanso merecido.

Alma, vibra, la noche ha terminado;
di si por fin ves alumbrar la aurora,
o si el sol para ti sigue nublado!

Alma, despierta; se llegó la hora
de dejar el presente y el pasado,
pues el futuro es lo que empieza ahora!

 

La Rosa

Esta es la rosa del gentil halago,
la del cálido aroma evanescente,
cuyo cáliz de sol guarda oferente
el néctar esencial con que me embriago.

Esta es la rosa del perfume vago
y sutil en el aire transparente,
que floreció en mi ayer adolescente,
y en mi poema florecer hoy hago.

Esta es la rosa abierta junto al lago
azul, donde emergió mi sueño ardiente
y donde el flor de sueños hoy naufrago.

Esta es la nívea rosa iridiscente
que yo, casi poeta, casi mago,
vuelvo a hacer florecer sobre tu frente.

 

El Viento

Llega silbando una canción lejana
que se le enreda en la arboleda umbría,
en los cristales de la celosía,
en el balcón, la puerta y la ventana.

Acaso sabe que en la esencia humana
hay inmanencia de melancolía,
y sacude al pasar el alma mía
como si sacudiera una campana.

En la noche invernal es un lamento;
en la primaveral mañana un cuento;
en la tarde estival, un volantín…

Y en el otoño es ya el presentimiento
que nos hace pensar que no es el viento,
sino las hojas muertas del jardín…

 

Yo, Pescador

Yo, pescador, acúsome y confieso,
sumiso a tus legítimos enojos,
que he pescado a la orilla de tus ojos
más de un sueño feliz en mi embeleso.

Mas, no me vayas a culpar por eso
de consentir oníricos antojos,
si ya en la fuente de tus labios rojos
he pescado –también soñando– un beso…

Porque ser pescador de sueños vanos
es soñar con los peces de tus manos
y con los peces níveos de tus pies.

Es pescarte en un sueño toda, entera,
y dejarte escapar ya en la ribera,
para soñar pescándote otra vez.

 

A la Orilla de Ti

A la orilla de ti, como de un río;
a la sombra de ti, como de un árbol;
y amanecer allí, como en un canto;
y atardecer allí, como en un nido.

Un río tú, bajo el azul estío;
un árbol tú, junto al camino largo;
y mi último sueño en tus remansos,
y en tus frondas mi verso florecido.

Eso, no más, para el final temprano
o la prolongación de una existencia
sobre las brevedades de los años.

Y quedarse finado en tu ribera,
ante el fugaz incendio del ocaso,
y en tus raíces ser la primavera.

Árbol y río tú;
y yo… ¿poeta?

 

San Antonio

San Antonio de antaño, barrio mío,
ya no he vuelto a escuchar en las mañanas
la voz dominical de tus campanas
en su trinar de la colina al río.

No he vuelto a ver platear el caserío
bajo la luna, desde tus ventanas,
ni a ver morir el sol tras las cercanas
montañas en crepúsculos de estío.

Mas, al volver del tiempo y la distancia,
en tus aires respiro la fragancia
del primer sueño y el primer cariño.

Y revivo las cosas de la infancia,
cual si quisiera recoger con ansia
lo que amó en ti mi corazón de niño.

San Antonio de antaño,
¡Que vacío!

 

Te Regalo mi Noche

A Rosita

¡Te regalo mi noche
con todas las estrellas apagadas!
¡Endrino lienzo donde a pinceladas
de todos los colores
podrás pintar el alba!

¡Te regalo mi noche,
densa, con una nube estacionaria!
¡Con todas las auroras malogradas,
y una ilusión de albores
pergeñada en el alma!

¡Te regalo mi noche,
perenne, sin ocasos ni alboradas,
sin atisbo estelar en lontananza,
sin faro al horizonte,
sin luz en las miradas!

¡Te regalo mi noche,
sonora en la oquedad de las guitarras,
silenciosa en la rosa desvelada,
poblada de rumores
y sombras en las ramas!

¡Te regalo mi noche
Yo sé que tú podrás iluminarla
con efluvios galácticos y ráfagas
de cósmicos fulgores
y luciérnagas raudas!

¡Te regalo mi noche,
Poco se dan las noches regaladas,
Pues “Las Mil y una Noches” Scherezada
Se las dio en mil perdones
A Shahriar en Arabia!

¡Te regalo mi noche,
así, como si no te diera nada!

 

Más Allá de la Noche

Más allá de la noche está mi sueño,
mi estrella ensombrecida;
más allá de la sombra, del misterio
está el alba dormida.

Más allá de la noche está mi anhelo,
mi ilusión extinguida;
más allá va tu huella en el sendero
sesgado de mi vida.

Más allá de la noche están tus ojos
lindando con el día,
el cielo azul con mil estrellas de oro
y alguna estrella mía…

Más allá del abismo de lo ignoto,
de la nada vacía,
están tus manos, tu sonrisa, todo
lo tuyo en poesía.

Más allá de mi sombra tu diadema,
rica joya bruñida,
brilla con los fulgores de la estrella
que llevas escondida.

Más allá de tu sombra mi poema
es una rosa herida,
que florece después de primavera
y muere florecida…

Más allá de tus ojos no hay más cielo
que el de mi fantasía;
más allá no hay felices derroteros
para mi senda umbría

Más allá de la noche yo te espero,
¡Te espero todo el día!

 

Por las Huellas de Bashó

Una guitarra,
una canción de ausencia;
la tarde pasa…

Algo me dicen
las palabras que tiemblan
en tu silencio…

Tacto y oído:
a través de la noche
sigo tu sombra…

Bajo su hechizo
probé el fruto del árbol
del paraíso

Vivo soñando
que la vida es un sueño:
despierto, y muero.

En el árbol un trino
un signo de esperanza
la promesa de un nido.

Las hojas secas
arrastran mi tristeza
sin darse cuenta…

En un descuido universal,
se les regó la leche a las
estrellas
en plena Vía Láctea…

Más allá de la noche
adivino tus ojos
lindando con el día…