Eleonora Gamboa Tobón y Miguel Fernando Caro Gamboa

Eleonora Gamboa Tobón,26 nacida en Cali en 1925, es la madre de Miguel Fernando Caro Gamboa, dos nombres que, en mi sentir, deben aparecer íntimamente unidos en el acopio de estas cadencias líricas.

Eleonora, hija del poeta Mateo Gamboa y hermana de Octavio, no solamente hereda de su padre la gracia de la inspiración, sino que la trasmite al fruto de sus entrañas. El filial reconocimiento brota de su corazón con el ímpetu del afecto imperecedero:

Amé la mágica calidez de las palabras desde el vientre de mi madre, escuchado la canción de cuna que escribió para mí:

Naciste mi niño, naciste en el mar
en el mar inmenso de la soledad;
no has bajado al río, no has cruzado el mar,
pero ya vas cerca de la claridad…

Es el anuncio premonitorio para el infante de que luego habrá de hacer gala con la claridad de su palabra inquieta y sin melindres. A los catorce años de su edad, es decir, en los albores de su vida, Eleonora, siguiendo la estrella de su padre y rindiéndole tributo a su nombre, compone estos versos incipientes:

Las Golondrinas

En invierno se van las golondrinas
Pero no muy lejos de su dulce hogar
y huyendo del frío en tupidas cortinas
dejan sus hogares que son su ideal.
En un raudo vuelo se van a buscar
un árbol de frondosas ramas para reposar.
Regresan alegres de donde se fueron
un día de invierno, muy triste quizá,
pero todas llevan el feliz consuelo
que al tornar el vuelo, un día llegarán.

26 Fallecida en Cali el 24 de Abril de 2009.

Años más tarde escribe los sentidos y sencillos poemas que se transcriben a continuación y que Miguel Fernando, como una primicia furtiva de sus más tiernos recuerdos, nos da a conocer en el libro bautizado con el sugestivo nombre de Alucinante, al comienzo de cuyas páginas brotan las seductoras pinceladas de sus vivencias infantiles.

Ansiedad

Se encauzan las voces y el murmullo del agua.
Todo estaba tranquilo y todo sonreía;
se inquietaban las aves, me daban melodía.
y era un perfume suave y una brisa tranquila;
yo estaba sola, sola,
pero sólo quería que mi mente exhalara
un caudal de armonía.

Oh, inquietud de mi vida, se va llegando el día
de abrir campo al espacio y no tener vacíos.

Y el sol doró mi cuerpo como espiga de trigo,
y la tierra me daba todo lo que quería.

Cruzaban mariposas, todo era colorido,
las flores con perfumes nunca jamás sentidos.

No había trigo ni mieles; era mi cuerpo apenas
que seguía tranquilo, y era el éter mi espacio
que seguía conmigo.

Todo era bello y mío, los insectos, la aves
y todo en el vacío.

Y siguen los murmullos, la música y el viento,
y feliz de entregarme al espacio y al tiempo
voy dejando que broten mis molinos de viento.

Sólo el azul me quita esta sed de tormentos;
por eso quiero ahora sobre el azul volar.

Y cruzar los espacios y seguir sobre el viento,
que ha darle a mi vida lo que quiere exhalar…

 

Plenitud

Tu amor me fortalece a cada instante:
sólo por ti quisiera ahora vivir.
Desde que me besaste, mi boca
se tornó de amapola.
¿Y yo qué puedo darte?
Una caricia, acaso un beso
con ternura…

Ya no me siento sola en la distancia
y es por ti que debo ahora vivir…

Ya no quiero pensar en el pasado;
fue tan cruel y penoso, qué tormento…

Y gracias al destino nos hemos encontrado
para no separarnos nunca más.

Ya no quiero pensar más en la muerte,
qué terror si la muerte nos separa.

En el atardecer de su vida, Eleonora entona esta cadencia:

Regreso

Ya los campos no tienen ese color de trigo
que en las tardes les vimos dorados por el Sol
y seguí caminando por el bosque y el río
para ver si encontraba, allí, pronto mi amor.

En pocas palabras, Miguel Fernando nos revela el más puro sentimiento que un hijo pueda rendir a sus progenitores:

La vida de mi madre ha sido el poema de amor, dolor, ternura y alegría más intenso que haya sentido.

Cuando mi padre murió, yo tenía dos años; mis padres sólo estuvieron un año juntos, pero su amor intenso sigue presente en cada palabra salida de mis manos, en cada semilla que siembro.

Mi padre me engendró y continuó su viaje por el universo; nunca lo he extrañado; posiblemente sea uno de los maestros o espíritus guías que me han acompañado en la construcción de mi senda.

Te buscaré en el mar
y miraré hacia el cielo
para encontrar tus ojos.

Mi niño en este instante
me ayudará a buscar
a su padre perdido
entre el cielo y el mar.

Mi corazón solloza
y te busco en el mar,
pero sólo en el cielo
te podré encontrar
por tus ojos azules
sin poder ya brillar…

Así despidió Eleonora a Miguel Antonio; es posible que este prematuro contacto con la muerte sea la razón por la cual el tema me acompaña, desde mis primeros escritos está presente.

Miguel Fernando (El Hijo)

La Poesía de Miguel Fernando

Miguel Fernando Caro Gamboa nació en Santiago de Cali el 16 de mayo de 1964. Escribió su primer poema cuando apenas tenía siete años. Desde entonces sintió que su existencia estaba ligada a la escritura, a la lectura y a los libros. Atraído por otros horizontes intelectuales no terminó los estudios de bachillerato ni menos hizo tránsito por universidad alguna. Al contrario, se precia de pertenecer a la universidad de la vida y de ser un aplicado alumno de la escuela Planeta Tierra. Su mayor satisfacción es considerarse un discípulo sempiterno del asombro y un amante total de las palabras. Y a fe que así lo ha demostrado desde su más temprana edad: un fervoroso lector y un convencido amante de la palabra.

En entrevista realizada para el documental Los Gamboa: Una Dinastía de Poetas, Miguel Fernando recuerda el lanzamiento del primer libro de Hugo Cuevas-Mohr, cuando él tenía dieciocho años:

Recuerdo que cuando Hugo publicó su primer libro de poesía, me marcó mucho; tanto, que después del acto que hicieron yo me acerqué a él y le dije: “Hoy has sido vos… Vas a ver que un día yo también estaré lanzando mi primer libro”. Lo dije así, emocionado, sin pensar.

En este documental, Miguel Fernando rememora las influencias del poema Ante el Mar de Isaías Gamboa, y la poesía de Margarita Gamboa como influencias tempranas en su despertar literario y el acceso a la extensa biblioteca de sus tíos Óscar Collazos y Carmen Lira Gamboa. A los veinte años fue ganador del Concurso Internacional de Cuento Breve, convocado por la revista Kanora y la Casa de la Cultura de Calarcá, con el cuento titulado El Amigo. Este cuento –dice el autor– es un diálogo entre mi corazón y mi mano, la tristeza. La soledad y las ganas de no seguir viviendo eran tan grandes que, a veces, pienso que al escribir El Amigo, en ese instante me salvé de morir.

En adelante, su labor intelectual ha sido incesante y fructífera, al igual que su actividad de carácter cultural y formativa en el ámbito literario, primordialmente para la niñez y la juventud. De aquí su entusiasta y disciplinada dedicación a los seminarios (léase semilleros) y talleres literarios y sus labores de gestión y coordinación en el desarrollo de programas de aprendizaje e investigación, de lectura y escritura, de liderazgo integral y de participación comunitaria. Con estos derroteros Miguel Fernando Caro Gamboa ha creado espacios de encuentro, de reflexión y de creación. De sus logros y experiencias nos dan cuenta los libros Escribir no muerde (1999), Entre el vértigo y la pluma, Una ruta hacia la lectura y la escritura (2006) y Con la tinta en la voz y en las entrañas, (obra en preparación que contiene las memorias de los encuentros escritos de cuento corto y prosa breve), Viva lo breve, realizados con el auspicio de la Cámara de Comercio de Cali entre los años de 1995 y 2001. El encuentro de cuento corto y poesía, realizado para la Universidad Autónoma de Occidente y El taller literario Tejiendo Palabras, que dirigió entre 2006 y 2007 para la Biblioteca Departamental Jorge Garcés Borrero, a través de un convenio entre su fundación Escribir No Muerde y la Red Nacional de Talleres Literarios RENATA, del Ministerio de Cultura colombiano.

La creación y divulgación del cuento corto y la prosa breve, y por añadidura poética, es el norte que se ha trazado el escritor, con magníficos resultados. En este campo se da a conocer en 1990 con la publicación del libro Miguemungatzi. Con posterioridad aparecen Alas, cuento corto y prosa breve y Octavo grado y otros cuentos para leer sobre la hierba, que circularon ampliamente y tuvieron una gran acogida. En el epílogo de Miguemungatzi el artista de este género literario nos hace esta confesión de parte:

Mis mini cuentos describen situaciones y personajes cotidianos, que mucha gente al leerlos se encontrará reflejada en ellos.
Mi estilo convierte una situación o un personaje en algo trascendental o insignificante.
Mi pluma no respeta mitos, títulos, personas amargadas o ideologías, porque no tengo compromisos con nadie.
En el fondo mis escritos son un espejo donde se reflejan el hombre y sus conflictos mundanos.
Tal vez por eso no vuelva a escribir y mejor me dedique a forjar bosques en terrenos áridos.

En estas líneas aparece de cuerpo entero, el gestor alucinante de las palabras. El narrador que cautiva al poeta de la adolescencia y de quien es preciso refrescar algunas de sus inquietudes en verso y en prosa poética. Los poemas Cósmico y Mester de Erotesía son de época reciente.

Une a su vida a la poeta Mónica Alexandra Llano, y de esta unión nace Alana, su primogénita, en 2002. Viven en el municipio de Palmira, de donde es oriunda su compañera y esposa. En el prólogo del primer libro de Mónica, Duende Necio, Miguel Fernando escribe:

Existe una manera de morir antes de que nuestro corazón se detenga, y es renunciar a nuestros sueños y utopías. Por eso, los poetas y las poetas son inmortales, pues se niegan con terquedad a aceptar lo que el entorno pretende imponerles como regla o verdad.

Ahora que el optimismo es algo exótico y los optimistas y soñadores somos bichos raros y subversivos; ahora que la alegría, el esfuerzo y la expresión libre de nuestros sentimientos y pensamientos se tornan sospechosos, Duende Necio revienta con la vitalidad de la semilla nutrida de las entrañas de la Madre Tierra para acompañarnos con su floración espléndida en esta gesta por la vida.

Miguel Fernando sigue su rumbo prolífico y exitoso. El periódico El País de Cali publicó el 16 de marzo de 2004 una nota que informaba:

Por decisión unánime, el cuento Zona de Ladera, de Miguel Fernando Caro Gamboa, firmado con el seudónimo Silvestre Alelí, se hizo merecedor del primer premio del concurso de cuento convocado por el periódico La Palabra, de la Universidad del Valle, con motivo de la X Feria del Libro del Pacífico.

Bibliografía

  • Miguemungatzi, Imprenta Departamental del Departamento del Valle del Cauca, 1990
  • Alas, cuanto corto y prosa breve, Gamboa y Dueñas Editores, 4ª edición, Cali, 1999. Primera edición, Colección de autores vallecaucanos. Gobernación del Valle del Cauca, 1994.
  • Alucinante, Cali, Bando Creativo, 1997.
  • Que vivan los toros, Colección Brevelee, Cali, 1998.
  • Escribir no muerde, Gamboa y Dueñas Editores, 2ª edición, Cali, abril 2000. Primera edición, 1999.
  • Opus en pelotus. Divertimento en prosa poética terrible, Talleres Gráficos de Litocencoa, 11 ilustraciones, Cali, 2000.
  • Octavo grado y otros cuentos para leer sobre la hierba, Autoedición, Cali, 2001.
  • Pírsia en el inodoro, Autoedición, novela, Cali, 2003.
  • Ganadería rentable y amiga de la naturaleza, Fundación Centro para la Investigación en Sistemas Sostenibles de Producción Agropecuaria. CIPAV. FAO. Ayuntamiento de Barcelona. Fundeso. Lead, 2004
  • La gente de agua. Una travesía por el río Apaporis, Fundación Zoológica de Cali. Crea. Sinchi, 2005.
  • Entre el vértigo y la pluma. Una ruta hacia la lectura y la escritura, Fundación Escribir No Muerde, 2006.
  • Medidas integrales para el manejo ambiental de la ganadería bovina, Serie de cinco cartillas. Coautor en calidad de escritor y especialista en pedagogía de la lectura y la escritura. Fedegan. Sena. Fundación Centro para la Investigación en Sistemas Sostenibles de Producción agropecuaria. CIPAV, 2008.
  • Alanna y la piedra con alas, Primer cuento de la serie Caminando con Alanna. Cuento infantil ilustrado por Olga Giraldo. Fundación Escribir No Muerde, 2008.
    Después del orgasmo y la locura. Prosa poética (inédito)
  • Los Gamboa: Una Dinastía de Poetas, Documental realizado por la FUNDACIÓN VERSO A VERSO, Cali, 2003.
  • Antología del cuento corto colombiano. Cuento: El Amigo. Compiladores: Guillermo Bustamante Zamudio y Harold Kremer. Primera edición Universidad del Valle, 1994. Segunda edición Universidad Pedagógica Nacional, 2006, Bogotá.
  • Segunda Antología del cuento corto colombiano. Cuento: El escolta. Compiladores: Guillermo Bustamante Zamudio y Harold Kremer. Universidad Pedagógica Nacional, 2007, Bogotá.