Fray Teófilo María Gamboa

Mario Gamboa Ayala fue su nombre de pila. Nació en Cali el 10 de diciembre de 1881 y falleció el 16 de septiembre de 1967. Fueron sus padres Miguel Gerónimo Gamboa Llanos –hermano de Mateo Gamboa Llanos, padre de Isaías y Mercedes Ayala. Cursó estudios de bachillerato en el histórico plantel de Santa Librada y luego ingresó a la Orden de San Francisco. Tomó el hábito en Ubaté, departamento de Cundinamarca, y recibió las órdenes sacerdotales en Bogotá el 8 de febrero de 1908.

Alma enteramente seráfica, Fray Teófilo María Gamboa fue un poeta por herencia y vocación. Los temas que más le apasionaron fueron la Eucaristía, la Pasión de Cristo, la Virgen María y su Orden Franciscana.

Acerca de este cantor místico un periodista de Cali enmarcó sus rasgos biográficos con estas palabras:

Una sola idea ha obsesionado su vida: La Virtud. Y por esos difíciles caminos ascendió siempre de modo extraordinario… decorado por el Altísimo con una inteligencia harto clara y vivaz; místico poeta de ajustado clasicismo; versado en italiano, francés, ingles, griego y latín; doctísimo en ciencias eclesiásticas y gran maestro en la literatura castellana, y no obstante no brilló nunca. Vivió siempre oculto. Parece que ni una vez este espíritu privilegiado se dirigió hacia la tierra: todas sus energías vivieron enfocadas hacia el cielo. La ciencia y la humildad, manifestada ésta última en el más peregrino y total desprecio del mundo, vivieron siempre abrazadas por el fondo de su alma. Rector del Seminario Francisca no y profesor allí mismo por más de treinta años…

Para mejor apreciar y valorar la personalidad de este fraile benemérito nada más indicado que hacerlo con el testimonio que, de viva voz, le escuché al padre Juan de Jesús Anaya, sacerdote franciscano, humanista y compositor musical, que tuvo la fortuna de ser su discípulo en el colegio seráfico de Cali, luego Seminario Franciscano. Dice así:

El padre Gamboa unía a su austeridad y profunda piedad un carácter amable y una gran cultura literaria. Fue un extraordinario devoto de la Eucaristía, por lo cual realizaba constantemente desfiles en las primeras horas de la madrugada para llevar la comunión a los enfermos, con el acompañamiento de una banda de músicos, actuación que era posible en aquellos tiempos en que las calles de Cali eran mucho más tranquilas que en la actualidad. Fue un gran latinista y un ejemplo para quienes éramos niños. El padre Gamboa fue un ejemplar hijo de San Francisco.

Fray Teófilo María fue, además, fundador y director de la Cofradía del Santísimo Sacramento. De esta actividad se refiere que en solemnes procesiones “al son de músicas y cantos y entre fi las de luces, bajo lluvia de flores” salía incansablemente a darse a sus enfermos… En una placa colocada en la capilla franciscana de la Inmaculada aparece esta leyenda:

Cincuentenario de la Cofradía del Santísimo fundada en Cali por el Rvdo. P. Fray Teófilo María Gamboa, apóstol de la Eucaristía. 1918 –enero 30– 1968.

Algunos de sus sobrinos recuerdan haber acompañado a Fray Teófilo y a su hermana Mercedes en la Cofradía, en las visitas a los enfermos de los barrios aledaños al convento, ya fuera esparciendo los pétalos de flores al paso o acompañando la procesión.

Réstanos decir que el padre Gamboa ocupó altos cargos en su comunidad y participó en los congresos eucarísticos realizados en Buenos Aires, Argentina y Chicago, en los Estados Unidos de Norte América.

En medio de sus estudios, de sus labores docentes y de sus tareas apostólicas dedicó sus ocios a la creación poética, actividad que, ocasionalmente, dio a conocer en las revistas Semana Católica y Voz Franciscana, de Cali; en los folletos Lirios del Convento y Lutos de Bronce y en el Mensajero Parroquial (San Agustín), de Popayán.

El padre Ignacio Arango Trujillo, de la misma comunidad religiosa, tuvo el acierto de recoger la poesía dispersa de Fray Teó filo María Gamboa, que luego seleccionó y publicó en mayo de 1968, con el título de Obra Poética. De estas páginas tomamos las composiciones que aquí aparecen.

Bibliografía

  • Obra poética, Colección del P. Ignacio Arango Trujillo, Editorial Franciscana, Santiago de Cali, enero de 1968, 119 págs.
  • Defensa de la Comunidad de Franciscanos, F. Sinisterra, Cali, 1912.
  • Poesía en honor al P. Alfonso María Morquillas, en: Velada lírico literaria.
  • Antología de los discursos y poesías leídos en la noche del 19 de julio de 1911, en honor del M.R.P. Alfonso María Morquillas, Tipografía M. Sinisterra, Cali, 1911, 39 págs.
  • El canto de Francisco (Himno), en Fray Enrique Aguilar, Antología de poesías franciscanas (autores colombianos), Casa Editorial, Talleres Gráficos Arturo Zapata, Manizales, 1938, págs. 161 – 162.

 

La Poesía de Fray Teófilo Gamboa

 

El Canto de Francisco

CORO:
Oh bosques del Alvernia solitario…
cantemos al Señor.
A! buen Jesús, al mártir del Calvario
modulemos el canto del amor.
Del supremo Señor de las alturas
el heraldo yo soy;
y quiero predicar a las criaturas:
que herido del amor muriendo voy.

I
Venid, venid alondras y alegres ruiseñores,
el silencioso bosque hagamos resonar.
Vosotros sois artistas, insignes trovadores,
cantemos al monarca de cielo, tierra y mar.

II
Venid también, mortales por Cristo redimidos
cantad al que muriendo en cruz os libertó.
Yo dejaré mis cantos, que sólo hondos gemidos
y compasión ardiente puedo ofrendarle yo.

 

A San Juan de la Cruz

Cuando escucho tus himnos inmortales
saturados de mística ternura;
cuando me llevas en tu NOCHE OSCURA
más allá de las lindes naturales;

Cuando miro esos mundos eternales
y ese fulgor que por los siglos dura
y el banquete perenne do la hartura
hallaremos los míseros mortales…

Quisiera como tú, salir huyendo,
salir con el espíritu ajenado
lejos del sordo mundanal estruendo.

Quisiera ver el rostro del Amado,
ay! quisiera, de amor languideciendo,
mi frente reclinar en su costado!

Tomado de la Revista Semana Católica

 

Aves Mensajeras

El asceta sublime del Alvernia,
el Serafín de Asís,
iba cantando con cadencia tierna
entre la niebla gris.
La brisa que las selvas conmovía
con plácido rumor
el canto melodioso difundía
del fraile ruiseñor.
Las avecillas en los verdes ramos
de encina secular,
escuchando a Francisco dicen: “Vamos
nosotras a cantar”.
Y estalla un coro de variados trinos
de la cítara al son,
y se escuchan arpegios peregrinos
de sentida canción:
“A Tí loamos, Hacedor del cielo,
de la tierra y del mar.
Te bendecimos con ferviente anhelo,
te amamos sin cesar.
“A Tí que reinas en sublime altura,
que brillas en el sol,
que das la vida a toda criatura,
Soberano Señor!
“Te bendecimos, Padre bondadoso
de inmensa majestad,
cuyo nombre secreto y misterioso
clama la soledad.
“A Ti se dé por siempre la alabanza,
la gloria y bendición,
A Tí que de ventura y esperanza
llenas el corazón”.
y cuando el coro aquel de ruiseñores
hubo llegado al fin,
callando los alados trovadores,
agregó el Serafín:
“Del eterno Señor de las alturas
El pregonero soy:
Sedlo vosotras, avecillas puras:
Mi bendición os doy”.

Bogotá, noviembre 13 de 1936.

 

Himno a la Virgen de Los Remedios

(Patrona del Departamento del Valle del Cauca)

CORO

OH María! El ángel y el hombre
modulan tu nombre
ansiosos de paz.
Y sus notas con voz reverente
repite el torrente
que pasa fugaz.

ESTROFAS

Eres astro de suaves destellos
que infundes con ellos
consuelo y solaz.
Ilumine mi senda de abrojos
de aquellos tus ojos
la luz sideral.

Eres madre venida del cielo
que en este mi suelo,
bendito lugar,
entre flores de plácido aroma,
amante paloma,
quisiste arrullar.

Tú convidas con cantos de amores
y ofreces las flores
de tu “Queremal”.
Tú repartes divinos remedios
que curan los tedios
del pobre mortal.

Haz que Cali, Princesa del Valle,
en himnos estalle
de intensa piedad,
y que humilde, postrada de hinojos
mirando tus ojos
esté sin cesar.

Bendiciones, copiosas envía
¡OH dulce María!
al Valle feraz,
desde el cielo, la patria querida,
mansión de la vida
de amor y de paz.

 

Mi Destino

He de pasar las sendas de la vida
Solamente una vez.
Si Dios me dio la dicha sin medida
de difundir el bien,
de aliviar el dolor de alguna herida,
de causar un placer,
quiero vivir cumpliendo mi destino,
la razón de mi ser.
pues soy un fugitivo peregrino
impulsado a correr
y llegar al final de mi camino
para nunca volver…

 

Canta Patria

(Himno para el Congreso Eucarístico Bolivariano, celebrado en enero de 1949).

CORO

Canta, patria, ferviente, gozosa,
el profundo misterio de fe
donde Cristo latente reposa,
donde el ángel absorto lo ve.

ESTROFAS

En canciones vibrantes estalle
en canciones ardientes de amor,
esta tierra feliz, este Valle
que proclaman a Cristo Señor.
Rey del cielo: cantamos erguidos
ante el mundo perverso, falaz:
somos tuyos: vasallos rendidos,
Tú, Señor y Monarca serás.
Hoy unidos seis pueblos andinos
te prometen al pie del altar
defender tus derechos divinos
y de Roma la voz acatar.

 

La Biblioteca

(Para mi dilecto condiscípulo el Pbro. Alfonso Zawadzky)

Yo te contemplo con amor profundo,
depósito de libros, ¡BIBLIOTECA!
Me recuerdas el templo de lo pagano
daba culto a Minerva.

Como las mariposas agitadas
en el huerto, me asaltan mil ideas
cuando me llego a ti, cuando penetro
en este mar de ciencia.

Miro a tus nobles hijos alineados
como falanges, oh bendita imprenta:
y en ellos miro vivas, inmortales
las edades pretéritas.

Aquí a los sabios de la antigua Roma
escuchó a los filósofos de Grecia.
Paréceme que acercan a mis labios
sus copas de sapiencia.

Imagino que estoy entre los monjes
del pasado, clarísimas lumbreras;
los miro pensativos escribiendo
obras sabias, inmensas.

Me parece escuchar el gran combate,
la magna lucha secular de ideas,
y te miro, OH Verdad! poniendo siempre
al error en cadenas.

Después del templo donde mora Cristo
y nuestras almas próvido alimenta,
es para tí mi amor, mansión augusta,
callada ¡BIBLIOTECA!