Isaías Gamboa

Isaías Gamboa Herrera nació en la Casa de la Sierra, situada al pie del cerro de Los Cristales, casona que hizo parte de los predios de sus mayores, conocidos hasta ahora con el nombre de El Mameyal, en las cercanías de Cali, el 12 de diciembre de 1872. Fueron sus padres Don Mateo Gamboa Llanos y Doña Teresa Herrera Córdoba, mujer dotada de una inteligencia superior y una memoria prodigiosa; y fueron sus hermanos María Antonia, Paulino, Federico, Francisco Antonio, Ezequiel, Mateo, también poetas los tres últimos. Con razón este hogar fue comparado con un nido de alondras canoras de encumbrado vuelo.

Aprendió las primeras letras de su madre y luego ingresó al colegio de Santa Librada, en donde adelantó con provecho sus estudios superiores. De manera particular recibió lecciones de gramática y literatura de don Alcides Isaacs, hermano de Jorge Isaacs, autor de la famosa novela costumbrista colombiana María. Fue quizás el maestro que más influyó en el desarrollo de su inteligencia y quien adivinó en el muchacho de faz morena y de carácter dulce un espíritu seleccionado para las luchas del pensamiento y, como se toma a un niño de la mano, lo llevó por los senderos de la poesía, para mostrarle lejos las creaciones del arte, según palabras de su hermano Mateo.

También fueron maestros suyos el prestigioso novelista Eustaquio Palacios y los señores Evaristo García, Zenón Fabio Lemos, Manuel Rebolledo y Don Gabriel Montaño. Sin embargo, su formación intelectual fue fruto de su esfuerzo personal.
Consecuente con sus inquietudes, fue miembro distinguido del Instituto Literario y en la hoja literaria de nombre El Instituto dio comienzo a la publicación de sus escritos.

En abril de 1893, a instancias de sus hermanos Paulino y Francisco Antonio, viajó a San Salvador en busca de otros horizontes. Aquí emprendió sus labores docentes y se dedicó a la enseñanza del castellano, la retórica y la estética, materias de su dominio y predilección. Su paso por tierra salvadoreña, recuerda Héctor Fabio Varela, y el estímulo de su hermano Francisco Antonio fueron decisivos en su enriquecimiento cultural y afectivo.

En dicha capital, con el título de Flores de Otoño, en 1896 publicó sus primeros versos. En estas páginas incluye la traducción del poema El cuervo de Edgar Allan Poe, traducción que le mereció una medalla de oro, y que algunos críticos consideran superior a la de Pérez Bonalde. No era para menos, pues Isaías Gamboa también había aprendido con esmero los idiomas inglés y francés. Consta, así mismo, que la obra Flores de Otoño fue laureada en Guatemala, en unos juegos florales, de aquellos que se acostumbraban celebrar en épocas lejanas. Al poco tiempo de la anterior publicación apareció el poema descriptivo titulado El Cauca, dividido en los siguientes cantos: La montaña, El río, El valle y el Camino del Dagua.

En 1898 retorna a su tierra nativa. Luego de una breve permanencia al lado de sus familiares se traslada a Bogotá, en donde de nuevo se dedica al magisterio y hace amistad con algunos poetas y literatos: Max Grillo, Eduardo Echevarría, Julio Flórez, Clímaco Soto Borda y Diego Uribe, entre otros. Tuvo así mismo, la oportunidad de colaborar en el Automatista, La Crónica, El Heraldo, El Rayo X y El Vigía. En esta capital fue subdirector del Instituto Froebel y redactor del periódico El Didascálico, órgano de este plantel educativo.

Al año siguiente estalla la guerra civil de los Mil Días. Isaías Gamboa se incorpora en las huestes de la revolución. En los llanos orientales fue comisionado para recibir armamentos que serían introducidos por la frontera venezolana, operación que en últimas resultó adversa. Cumplida esta misión toma parte en la campaña de la costa atlántica, durante la cual fue ayudante de campo del general Rafael Uribe Uribe.

Cuando a bordo del vapor Boyacá surca las aguas del Orinoco, desde Caicara en Venezuela, el 29 de diciembre de 1899, el poeta, que se ha tornado un soldado de la revolución, le escribe a su madre una carta en la cual le da cuenta de su actuación:

La campaña me tiene por estas regiones que nunca soñé conocer. Sólo un amigo me acompaña; venimos en una comisión cuyo éxito no es seguro todavía; como no lo es el de la lucha liberal. Estoy en territorio de Venezuela y hoy mismo sabré si continúo internándome hasta poder hablar con ciertas personas, o si remontando el Orinoco y el Arauca me encontraré con Rosas, para con él entrar en Santander, donde está Vargas Santos. Los liberales hemos fluctuado entre desastres y rehabilitaciones, sin que comprendamos todavía cuál será el resultado de la guerra. Yo he hecho una campaña larga y dura; por fortuna ni siquiera he enfermado; mi enfermedad está en el alma, a causa de esta ausencia, de este silencio forzoso que las circunstancias imponen. Pienso mucho en lo intranquila que estará usted sin saber de mí.

Acaricio la esperanza de que no muy tarde volveremos a vernos, de que estemos triunfantes y yo pueda ser útil, sin que otra vez me vea arrojado al azar de la suerte…

Transcurrida la batalla de Palonegro, en el departamento de Santander, de la cual salen diezmadas las fuerzas al mando del general Uribe Uribe, nuestro poeta soldado de marras, decepcionado de la lucha que con tanto ardor había emprendido, resuelve viajar nuevamente a Centro América. En 1901, a su paso por la isla de Trinidad, cercana al delta del Orinoco, compone el poema Ante el mar, “el más aproximado augurio de su destino” y considerado uno de los más bellos y dramáticos que pueden leerse en lengua española, a tal punto de que figura en muchas antologías.

De aquí se encamina a Costa Rica. En su capital, aunque por muy breve tiempo, ocupó la cátedra de literatura en el Colegio Superior de Señoritas. Sin embargo, a instancias de su hermano Francisco Antonio, retorna a San Salvador. El lazo familiar no lo detiene. De espíritu inquieto y errabundo, los pasos del soñador no se aquietan. En esta vez la brújula apunta hacia las lejanas tierras del sur.

Fiel a su destino ineluctable, Isaías Gamboa se embarca con rumbo a Guayaquil y de aquí a Valparaíso, para sentar luego sus reales en Santiago de Chile.

Esta ciudad lo acoge con beneplácito. Los círculos intelectuales le abren sus puertas y los letrados lo rodean, deferentes, y lo estimulan. Aquí prosigue su labor educativa, de la cual deriva la subsistencia y muy pronto da a conocer sus virtudes personales, morales e intelectuales. El poeta es una revelación que deleita y cautiva.

Así lo corrobora el escritor chileno Julio Molina Núñez, cuando hace esta recordación:

Memorable fue la velada en que Isaías Gamboa se hizo popular entre nosotros. Corría el mes de abril de 1902. El bardo peregrino subió al paraninfo del Ateneo y frente a un público anhelante fraseó Ante el mar, uno de los poemas más tremantes del lirismo castellano…

Las armoniosas tonalidades de su voz tropical, voz de colombiano, parecían acentuar las musicalidades de aquellas sentidas estrofas.

En breves minutos había él realizado un prodigio de popularidad y un milagro de cariño entre un gran público que lo aplaudía al descender de la tribuna. Desde los días siguientes tuvo el aplauso espontáneo y el imborrable afecto de innúmeros chilenos…

Además de la enseñanza, Isaías Gamboa colaboró en diarios y revistas de Santiago y alternó con los poetas y artistas que entonces descollaban. Entre sus amigos cabe señalar a Samuel Lillo, rector de la Universidad y presidente del Ateneo, el más prestigioso círculo literario, una especie de Academia de la Lengua. Cabe agregar que Lillo narró la vida del hombre, del amigo y del intelectual en sus Recuerdos Literarios.

No habían transcurrido muchos días de haberse instalado en dicha capital austral cuando en 1902, da a conocer la publicación Tres poemas, que contiene los titulados Fantasía sobre “la Samaritana” de Rostand, Primavera y Ante el mar.

Los días de ausencia de su patria no transcurren en vano. La lejanía de su tierra natal y la separación de sus seres amados lastiman su ánimo profundamente. Para mitigar estas dolencias dedica el tiempo libre que le dejan sus ocupaciones a la escritura de unas páginas que encierran sus vivencias personales.

Tornemos al testimonio del mencionado escritor Molina Núñez:

Este fue el origen de su romance La tierra nativa, que él consideraba como la ofrenda de sus treinta años y cuyas escenas comienzan en Santiago de Chile en la Alameda y en el Santa Lucía y van a terminar en Colombia, en su adorada tierra caleña.

A medida que la facción de la novela avanzaba parecía que en las carillas ya escritas iban quedando hechos cenizas los recuerdos y los sufrimientos de emigrado.

Corre el año de 1903. Aparentemente su vida discurre por senderos de normalidad; en manera alguna el oleaje de su mundo interior. Sin embargo, su salud decae notablemente. Los médicos que lo asistieron en este trance estuvieron de acuerdo al diagnosticar que más que de una enfermedad física se trataba de un “caso de nostalgia aguda”. Con razón escribió alguien que Isaías Gamboa fue un poeta desgarrado por la angustia interior, por la nostalgia de la patria perdida, por la certidumbre de su equívoco destino.

En junio del siguiente año ve la luz la novela La tierra nativa, fiel trasunto de la vida errante del autor. En la primera edición, realizada en Chile en 1904, Isaías escribe como prólogo: Tener el hombre la pretensión de trazar su destino es una gran locura: la vida siempre se burla de los hombres. Un ejemplar de esta primera edición reposa en la Biblioteca Luís Ángel Arango del Banco de la República en Bogotá y en el, de su puño y letra, el autor le dedica este libro al humanista y gramático colombiano, Don Jorge Roa, quien tuvo una de las más afamadas librerías de esta ciudad a finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX. Como tantas otras, es una novela olvidada y a la cual no se le ha dado la importancia que merece el conjunto de la narrativa terrígena.

Ante la adversidad de la enfermedad que lo consumía, el poeta decide regresar a su patria, no obstante el intenso amor que lo ata a Sonia, su princesa, a la que ama intensamente. En víspera del viaje le escribe una carta dolorosa.15 De ella desprendemos estos apartes que conmueven el alma:

…Tú marcas en la evolución de mi existencia el punto altísimo y luminoso del cenit. De ti para adelante sigue el descenso hacia el ocaso; empieza a declinar mi vida, veo oscuro el porvenir, están frustradas mis ilusiones. Durante este descenso volveré siempre mis miradas hacia la altura en que tú quedas, ¡oh estrella esplendorosa!…
¡Sólo el amor irrealizado es inmortal: primero como esperanza, después como recuerdo y siempre como misterio!… ¡Feliz quien ha tenido un grande amor que ilumine toda su vida! El que ha amado hasta la sublimidad, ya puede vivir… y ya puede morir! Tú, ya puedes vivir; yo, ya puedo morir!…

Llegado el día de su partida se embarca con rumbo al puerto de Buenaventura. No obstante, la mala ventura de su estado de salud le trunca el anhelado retorno al solar de sus mayores, en el puerto de El Callao en Perú. Se refiere que el día que murió Isaías Gamboa, 23 de julio de 1904, llegaron a Cali algunos ejemplares de la novela que contiene la entraña de su tierra nativa. Hados funestos así lo habían predestinado para desventura de su autor y peor desconsuelo de sus familiares y amigos.

Sus restos se repatriaron en 1914 y reposan en la histórica capilla de San Antonio de Cali.16 En el acto de esta repatriación el escritor Alberto Carvajal pronunció un elocuente discurso, del cual entresacamos esta breve semblanza:

…Nuestra imaginación hace surgir al hombre: gentil el porte, morena la tez, negro y lacio el cabello, erguida la cabeza como de quien está acostumbrado a mirar siempre a lo alto y una honda vaguedad en la mirada de peregrino ideal… Gamboa sintió mucho, y sus cantos hacen sentir hondamente a quienes le lean con amor, porque fue consecuente con su corazón, porque fue sincero. En su poesía no hay rebuscamientos retóricos ni influencias extrañas…

El Consejo Municipal de Cali en 1926, dispuso se erigiera un monumento a la memoria del poeta Isaías Gamboa y se designó a Don Blas S. Scarpetta para que llevara a cabo este proyecto. En cumplimiento del referido ordenamiento el día 26 de diciembre de 1928 se inauguró dicho monumento conmemorativo en el sitio llamado con acierto Jardín de Poetas. En este acto pronunció un sentido discurso el hermano de Isaías, Mateo Gamboa. Como quien dice, de hermano a hermano y de poeta a poeta. Imposible no transcribir así sea este aparte, tan espontáneo como emotivo:

Me aparto, pues, del sentimiento natural hacia el hermano en cuyas venas corrió la misma sangre para decir su elogio. Mi elogio va, sincero, para el muchacho humilde que, confundido entre el montón anónimo, vieron cruzar, descalzo, por las calles de Cali, muchos ojos de los que ahora lo contemplan, asombrados, redivivo en el mármol. Mi elogio va, irrestricto, para el estudiante pobre que concurría a la escuela desde un campo vecino; que estudiaba sus libros, o mejor, que aprendía las lecciones en los libros de sus compañeros de estudio; para el adolescente guardador de ganados y leñador del bosque, que desde niño sintió un hálito sagrado y lo impulsaba el deseo infinito de ascender, subir sobre el nivel común, y merecer un día la oblación de la patria. Oigámoslo en sus propias palabras:

Muy grato es mi recuerdo de haber sido pastor de ganado y leñador de los bosques, haber estudiado sin libros, asistiendo a la escuela peatón desde el campo, ascender por escala rigurosa hasta llegar, si no a la altura suprema, por lo menos a una relativa que para el que viene subiendo desde escalones ínfimos llega a ser alta gloria.

En 1936, el Congreso de Colombia dicta la ley 182, en la cual decreta:

LEY 182 DE 1936

(30 DE Noviembre)
por la cual se honra la memoria de un eminente literato e institutor.

El Congreso de Colombia DECRETA:

Articulo 1°. La República honra la memoria del delicado poeta e insigne institutor Isaías Gamboa, cuyo profundo amor a Colombia debe servir de ejemplo a las generaciones.
Articulo 2°. Un retrato al óleo del excelso cantor será colocado en el salón de lecturas de la Biblioteca del Centenario, de Cali, ciudad donde nació.
Artículo 3°. El Ministerio de Educación Nacional hará editar las producciones literarias o pedagógicas de Gamboa, para hacerlas conocer profusamente tanto en el interior como en el exterior.
Artículo 4°. En el Presupuesto de rentas y gastos de la próxima vigencia se incluirá la partida que sea necesaria para dar cumplimiento a esta Ley.
Artículo 5°. Copia de esta Ley será enviada autógrafa, a la distinguida familia del malogrado literato.
Articulo 6°. Esta Ley regirá desde su sanción.

Dada en Bogotá a trece de noviembre de mil novecientos treinta y seis.
El Presidente del Senado, ALIRIO GÓMEZ PICÓN
El Presidente de la Cámara de Representantes, DOMINGO IRURITA
El Secretario del Senado, RAFAEL CAMPOA
El Secretario de la Cámara de Representantes, CARLOS SAMPER SORDO
Bogotá, noviembre 30 de 1936.

Publíquese y ejecútese.
ALFONSO LÓPEZ
El Ministro de Hacienda y Crédito Público: GONZALO RESTREPO
El Ministro de Educación Nacional: DARÍO ECHANDIA.
(Diario Oficial. número 23368, de 26 de diciembre de 1936)

Tanto en Chile como en nuestro país no son pocos los escritos publicados en torno a la vida y a la obra de Isaías Gamboa. Con miras a una mejor comprensión y valoración del personaje que ahora recordamos en esta fecha centenaria de su fallecimiento, nada mejor que hacerlo con el testimonio de algunos de sus más cercanos amigos o de quienes le tributan el reconocimiento que merece su creación literaria.

A los pocos días de haber llegado a Cali la novela de Isaías Gamboa, el escritor Oswaldo Scarpetta, en un detenido artículo, entre otras manifestaciones hace la siguiente:

La tierra nativa es un encanto para los que gozan con las descripciones magníficas de la naturaleza; para los que sienten en el corazón las batallas íntimas del amor; para los que sufren con la desolación de la vida en los acerbos días…

Por su parte, el pedagogo y gramático antioqueño Martín Restrepo Mejía acerca de la novela antes mencionada emite este concepto:

Hay en ese libro, escrito a veces con el estilo breve y dominante de D’Anunzio y a veces con la frase amplia y fresca de Isaacs, olor de las montañuelas brisas del rumoroso Cali, alegre y fecunda sencillez de los trabajadores de la montaña, delicadezas del amor, luchas del alma, dolores y alegrías mezclados como están en la vida. Y es a la vez una obra original, como fruto de un alma poderosa, de abundante y dominadora de los elementos del arte…

El escritor chileno Julio Molina Núñez inicia el prólogo de la Obra Poética, publicada en Santiago de Chile, en 1929, con estas palabras:

Isaías Gamboa fue un poeta original y único que esparció el caudal de belleza y simpatía de su espíritu tanto en sus escritos como al través de su romancesca y azarosa vida.
Fue un aeda del trópico, errátil, nómada: un peregrino intelectual.
Tenía su lámpara de luz propia, y con ella alumbró el sendero de su inquieto vagar.
Por donde pasara se hizo aplaudir y querer, porque era honesto y culto, porque era afectivo, porque era bueno…

Luego de exaltar las cualidades morales e intelectuales del hombre, del artista y del educador, su noble amigo Molina Núñez concluye: ¡Es que Gamboa antes que un institutor era un desentrañador de belleza, un sembrador de poesía!17

Blas S. Scarpetta sintetiza de este modo la personalidad de su entrañable amigo y coterráneo:

La vida pública de Isaías en nada contrasta con su vida privada: la una es reflejo de la otra: sencillez, nobleza, sensibilidad, transparencia espiritual… Fue un colombiano de la estirpe de los que en todo tiempo, dentro de la patria y fuera de ella, la han amado hasta el sacrificio y la han honrado hasta la excelsitud.

El eminente sacerdote salesiano, crítico y humanista José J. Ortega Torres, en su Historia de la literatura colombiana hace esta consideración:

Gamboa fue más conocido en los otros países de América que entre nosotros… Su temprana muerte privó a nuestra literatura de las obras que con fundamento podían esperarse de él, pues poseía verdadero sentimiento poético y gran sensibilidad y ternura; caracterizan sus versos honda melancolía unida a una dulzura de expresión comparable a la de Bécquer, y el amor patrio que lo animaba. Fue un verdadero poeta y sus mejores notas son las inspiradas por sus dolores…

En tiempo más reciente, Alfonso Ocampo Londoño, en las páginas prologales de la que viene a ser la cuarta edición de la novela La tierra nativa, en breves palabras nos traza el perfil del autor: “En su vida pública y privada Isaías Gamboa fue un dechado de sencillez, nobleza, sensibilidad y transparencia. Nunca fue censurado en el contexto de su existencia…

Y el escritor y poeta vallecaucano Héctor Fabio Varela concluye el prólogo de la segunda edición de la Obra Poética con esta apreciación:

Sus poemas tan hondamente humanos, tan puros en forma y fondo, no permitirán que su nombre y su recuerdo caigan en vórtice. Como escribió un fino espíritu, los verdaderos poetas son inmortales precisamente cuando mueren.

Este y sólo éste es el convencimiento de quienes, en un acto de afecto y unidad familiar, han querido reafirmar los lazos de sangre que los une al nombre de Isaías Gamboa.

En esta forma hemos reivindicado la memoria injustamente olvidada de un poeta, de un novelista, de un educador y de un gran colombiano que sobresalió por los quilates de su inteligencia, por la ternura de sus sentimientos y por las dotes de su personalidad.

En el año 2000 se constituye la Asociación de Antiguos Alumnos de la Escuela Isaías Gamboa, bello gesto de un puñado de auténticos caleños que han valorado y se han preocupado por mantener viva la memoria de uno de sus más ilustres antepasados.

Estos antiguos alumnos pasaron por esta escuela, inaugurada en el año de 1929 en la casa que hoy ocupa la Biblioteca del Centenario en el Barrio El Peñón de Cali. La Escuela fue trasladada en 1985 a su sede actual, en el Barrio Terrón Colorado, donde la Asociación planea construirle una biblioteca y un centro cultural.

La Asociación logró que la Gobernación del Valle del Cauca publicara los libros Obra Poética y Tierra Nativa que sus integrantes venden para recoger fondos para la Escuela.

En 2003 el poeta Carlos Hugo Gamboa escribe el Himno de la Escuela:

HIMNO A LA ESCUELA ISAÍAS GAMBOA

CANTO I

Es un templo de luz nuestra escuela,
Donde tiene la patria su altar,
Donde brilla la fúlgida estrella
De la ciencia, la fe y la verdad.

Un balcón del presente al futuro
de Colombia y América es,
Donde el niño se apresta seguro
Para el hombre que será después.

CORO

Ven acá!
Vamos ya!
Compañero de infanda a estudiar! Para ti,
Para mí,
Un maestro y un libro hay aquí!

Los colores de la primavera
Izaremos en nuestra bandera,
Y al compás de una marcha guerrera,
Cantaremos un himno de paz!

CANTO II

La escuelita Isaías Gamboa
Fue fundada en el viejo Peñón,
Y en Terrón Colorado es ahora
un baluarte de la tradición.

Donde quiera que sea trasladada.
Bajo el cielo de Cali estará,
Y alma mater de la muchachada
Y de sus ex alumnos será.

CORO

En 1898 Rogelio Cortés escribiría este poema inédito hasta la fecha:

ISAÍAS GAMBOA

Te presentí cual eres: con los ojos
Negros con la negrura del abismo
Donde vaga la luz del pesimismo,
Como lámpara triste sin sonrojos.

Tienes del bardo exóticos antojos,
De bohemio sublime el paroxismo;
No te engaña jamás el optimismo
Y en vez de flores pisas los abrojos.

Hay en tu faz los rastros gemebundos
De un mal desconocido; y tus estrofas
Son de ese mal los hábitos profundos,
Si tristes y dolientes, iracundos
Cuando vuelves la espalda a necias mofas
Tú el nostálgico eterno de otros mundos!

Rogelio Cortés
Bogotá, marzo 15 de 1898

En 1908 su amigo el poeta José Santos Chocano publica este poema en su libro Alma América (poemas indo-españoles):

ELEGÍA TROPICAL

† Isaías Gamboa

Oh tropical poeta! Fue tal su desventura
que enfermo de nostalgias a su país volvía,
cuando encontró de súbito abierta sepultura,
apenas a su espalda dejó la tierra fría.

Quiso tornar al seno de la materna anciana,
curarse de los hombres y sus crueles daños,
regocijar su tisis al lado de la hermana
y recorrer las calles de sus primeros años.

En sueños, vio su tierra, por la que fuga un río;
vio, sobre el río, el puente como si fuera un paso;
vio, más allá, el espeso verdor del valle umbrío,
que ante los ojos tiende la suavidad de un raso.

Y, en su visión, ganoso de regresar, los días
contó que le faltaban para sus patrios valles,
en donde estaba Cali con todas sus Marías,
con sus esbeltas torres y sus dormidas calles…

Midió con sus dolores el tiempo y la distancia;
y comprendió cuál era su inevitable suerte:
se sintió niño entonces; y, al evocar su infancia,
lloró, lloró… y se estuvo llorando hasta la muerte.

Su espíritu fue como la torre de una aldea,
en la que el bronce un suave quejido siempre exhala,
cuando en su hueco un rasgo de brisa voltejea
o cuando las palomas lo hieren con el ala…

En medio de la lucha vibrante en que vivía
nunca olvidó a la virgen que ambicionó de esposa
tuvo, el horror, por eso, de un ánfora vacía
y la tristeza de una campana silenciosa.

Poeta: duerme bajo los oros de tus palmas…
Para vivir tú en Chile, también preciso era
de que, en el misterioso dominio de las almas,
¡se convirtiese en pino la que nació palmera!

En 1926 Gonzalo Lozano y Lozano (1877 –1936), poeta, periodista y político colombiano escribe en 1926 este poema, cuando era gobernador del Valle del Cauca:

A ISAÍAS GAMBOA

Partiste: las regiones del olvido
son regiones de luz para tu nombre,
no extenderán su imperio las tinieblas
sobre el sepulcro que tu cuerpo esconde.

Duerme cantor: las luchas del combate
dejan solo al morir los gladiadores,
y sellan con sarcasmo su protesta
contra el amargo padecer del hombre.

La humanidad cuyo dolor cantaste,
con su gemido a tu gemir responde
y lleva pesarosa la cadena
que ante lo eterno sus anillos rompe

¡Descansa luchador! De esta cadena
rompiste los pesados eslabones
al lanzar tu sarcástica protesta
contra el amargo padecer del hombre.

15Más de doscientas cartas como ésta se encuentran en las cuidadosas manos de Juan Pablo Gamboa Cook, quien las heredó de sus abuelos Angelina Ruiz e Isaías Gamboa Young, hijo de Ezequiel Gamboa, hermano de Isaías. Son cartas de Francisco Antonio, Isaías, Paulino a mamá Teresa, a sus hermanos, amigos, cartas llenas de sabiduría y de un entrañable amor de patria, de familia, de lugares comunes. Esperamos que una paciente mirada logre sacar estas cartas del baúl donde esperan, algún día, ver la luz.

16 Los restos de Isaías, como los de su padre, reposaban en la Capilla de San Antonio. Pero en 1960 un capellán, “un cura extranjero”, decidió modernizar la antigua estructura y comenzó levantando las losas del suelo. Cuando la familia se enteró y corrió alarmada a la Capilla encontró el nicho… mas los restos habían desaparecido. Se cumplió así la profecía del poema Funeral de Isaías: ¡después no hallaría ninguno de mis restos…! Cerca del altar, a su derecha, todavía se encuentra en la pared inscrito el nombre de Isaías Gamboa, Poeta.

17 No todos en Chile admiraron la obra de Isaías. El 27 de noviembre de 2005, en el Diario El Mercurio de Santiago, Enrique Lafourcade, reconocido escritor y mordaz periodista chileno, escribía: Gamboa se negaba a ser “un modernista”. Frecuentaba los salones y producía versos de Aplausos, lágrimas. Las grandes damas y las señoritas de los aterciopelados salones lloraban con esos ruidos palabras. En un aparte lo llama el guari-poeta colombiano y comenta: hablaba hasta por los codos y al final improvisaba unas ensaladas líricas. Debemos anotar que Lafourcade nació en 1927 y por lo tanto estos comentarios deben venir de algún escritor contemporáneo de Isaías.

Bibliografía

  • Obra Poética, segunda edición, Imprenta Departamental del Valle del Cauca, Santiago de Cali, 2001 (Primera Edición, Santiago de Chile 1929) Prólogo de Héctor Fabio Varela.
  • En Obra Poética se registran sus publicaciones, así:
    El Instituto, hoja literaria, 1890, primeros escritos de I. Gamboa.
    Correo del Valle, 1894 -1908, publicación de innumerables poesías de I. Gamboa, que fueron reproducidas en muchas obras colombianas de la época.
  • Flores de Otoño, Imprenta Nacional, San Salvador, 1896
  • Poesías Sueltas, San Salvador, 1897
  • El Cauca, San Salvador, 1897
  • Tres Poemas, Santiago de Chile, 1902
  • Flores de Otoño y otras poesías, en El Convivio, San José de Costa Rica, 1921
  • Tierra Nativa, Tercera Edición, Imprenta Departamental del Valle del Cauca, Santiago de Cali, 2001 (segunda edición, Santiago de Cali, 1944; primera edición, Santiago de Chile, junio de 1904).
  • Prefacio Vida y Obra de Isaías Gamboa H. por Alfonso Ocampo Londoño.
  • Historia de la literatura colombiana, José J. Ortega Torres
  • Discurso de inauguración al monumento conmemorativo en el “Jardín de Poetas”, Mateo Gamboa, Santiago de Cali, 26 de diciembre de 1928.
  • Discurso en honor al poeta, Alberto Carvajal, Capilla de San Antonio, Santiago de Cali, 1914

Notas Bibliográficas de José Ricardo Leiva Llerena

  • En Colombia: La hoja literaria “El Instituto”, de Cali, registra las incipientes composiciones de Gamboa, sus versos de niño, hacia el año 1890.
  • La revista “El Correo del Valle”, fundada en Cali en 1894 y cuya alma fue Blas S. Scarpetta, le publicó varias poesías, especialmente en los años de 1906 a 1908. Entre las poesías que El Correo del Valle y otras publicaciones colombianas publicaron figuran: Del Alma, 1896. La vida, soneto, Bogotá, 1898. Dos amores, Bogotá, 1899. Cecilia, 1899 (se reproduce en parte y reformada en La Tierra Nativa). La amada del poeta, 1899 (dedicada a Eduardo Echeverría). El poema del dolor, 1901. Umbra, Comme la mort (La cabecita rubia).
  • En El Salvador. Publicó Flores de Otoño, colección de sus primeras poesías líricas. Imprenta Nacional, primera edición, año 1896, 112 páginas, en 8°, San Salvador. El Cauca, San Salvador, año 1897, primera edición, 36 páginas, en 8°. Poesías sueltas. En el tren, 1896. Por ti (ciudad de Izalco). La Juventud Salvadoreña, órgano de una institución literaria del mismo nombre, reprodujo casi todo cuanto Isaías escribió en El Salvador.
  • En Costa Rica. El literato J. García Monge publicó una serie de obras selectas bajo el título de “El Convivio”. El tomo destinado a las poesías de Gamboa se imprimió en San José de Costa Rica, año 1921, 184 páginas. en 8°, con el nombre de “Flores de Otoño y otras poesías”. Contiene “Flores de Otoño”, y el poema íntegro “El Cauca”, y de lo publicado por el autor en Chile: “Tres Poemas”, y otras poesías.
  • García Monge reproduce las siguientes Poesías sueltas: En la playa (paráfrasis del escritor costarricense Rafael Angel Troyo), Amor oculto, traducido del francés, San José de C.R., 8 de febrero de 1901. Una noche de Cleopatra (traducida del francés), La plegaria de Lázaro (pensamiento de Emilio Zolá), Noche de luna (traducida del in- glés), Las rosas de Saadí (traducción del inglés), Hadas Salvadoreñas, escrita en Chile de 1903.
  • En Chile. El profesor don Santiago A. Colvin escribió en inglés una composición poética titulada “Chile”, Gamboa la tradujo al castellano, acaso mejorando la forma original. Se publicó en El Día de Chillán, 18 de septiembre de 1920.
  • En la obra de Molina Núñez puede encontrarse un detallado inventario de los versos y las prosas de Isaías, publicados en diversos diarios y revistas de Chile, de 1899 a 1905. También un listado de composiciones en poder en esa época de Princesa (Doña Sara Swidersky de Goñi) y de Doña Flora Turenne de Mujica.

Poemas de Isaías Gamboa