La Poesía de Hugo Cuevas-Mohr

porque soy de tierra

porque soy de río me escapo entre las rocas
porque soy de viento me escondo entre las hojas
porque soy de tiempo se me pasan los minutos
porque soy azul busco sin tregua un amarillo
porque soy y sueño preciso la mañana
porque soy de agua me diluyo en las palabras
porque soy corteza me ha dado por echar raíces
porque soy de tierra,
te necesito.

cali, septiembre de 1982

 

lluvia de estrellas

tal vez estoy alucinando
o en la noche estoy perdido,
camino en la oscuridad total,
no dejo huellas,
divago en un paisaje sin sentido.
voy a esperar la madrugada para hallar el horizonte,
una montaña azul un sol un indicio,
una grieta franca que me lleve despacio al mar.
no amanece y estoy sediento,
un viento pesado sopla y no lo encuentro,
tengo frío,
en el aire cálido aparece
tu olor indiscutible
brotando a tientas del vacío.
una lluvia de estrellas cae de pronto del cielo,
tu piel se me desvela,
irrumpe,
mil constelaciones se asoman a tu cuerpo
y una nebulosa de planetas rojos rueda por tu cuello,
llevando mis manos tibias sobre tu pecho desierto
como una galaxia deshabitada esperando un beso.
una cascada de estrellas fugaces golpea el silencio,
resbalo atemorizado sobre tus labios entreabiertos,
pero me rescatan tus ojos tiernos
titilando en el firmamento
y a tus brazos de tiempo,
desnudo
yo regreso,
en el universo amanece
y en tus brazos me duermo.

cali, abril de 1986.

 

me declaro desertor

no quiero ejércitos en mi casa,
no quiero ejércitos en mi jardín,
no los quiero en mi cuadra
ni en mis calles,
no quiero ejércitos en mi país.

me declaro desertor,
objetor de conciencia,
enemigo de la muerte
a mano armada,
enemigo de la institución
de la muerte entrenada,
de las balas disparadas,
de la violencia organizada.

me declaro traidor,
a la ley con bombas y granadas,
al orden con tanques y metrallas,
a la vida en el gatillo,
a las penumbras y al miedo,
al yo disparo y después veo.

me declaro prófugo
de los cerebros bien lavados,
de los jóvenes obligados,
de la paz con muertos sin nombre,
de las armas por encima del hambre,
de mi país y su olor a sangre.

me declaro desertor,
me declaro humano,
me declaro amante de la vida,
luchador de la palabra abierta,
de la verdad incoercible,
de la justicia franca,
me declaro desertor,
me declaro humano.
quiero amigos en mi casa,
quiero flores en mi jardín,
quiero árboles en mi cuadra,
niños en las calles,
no quiero ni ejércitos,
ni sangre,
en mi país.

cali, mayo de 1985.

 

los valientes

tantas tumbas
tantos muertos en combate
tantas balas
tantas lápidas sin sentido
tanto honor a tantas guerras
tantos monumentos a las batallas ganadas
a las batallas perdidas
a los generales
al soldado desconocido
al trágico anonimato de la muerte ensangrentada

tanta historia de la violencia
tantas viudas tantos huérfanos tanta ausencia
dolor amargura
tanta muerte congregada
tantas disculpas orquestadas.

y dónde están los monumentos a la paz a
los hombres que combatieron la guerra a
los desertores
dónde están los monumentos a los valientes
a los que dijeron no
a los que buscaron otra salida,
dónde está su historia
dónde están sus cuerpos sin nombre
la llama ardiente que recuerde su lucha,
dónde están sus palabras
sus ideas su esperanza
para que dejemos en el pasado
tantas tumbas tantas guerras
tanta tristeza y tanta rabia.

verdún, mayo 1989 – arlington, mayo de 1990.

 

cuántos poemas

cuántos poemas
llevan tus ojos como guía,

cuántas noches de palabras,
de idas y venidas,
contravías,

cuántas caricias llevo en mi pecho,
en mi frente en mi piel,
cuántas deudas tengo con la vida que te trajo hacia mí,
como una coincidencia,
una cadena de encuentros y despedidas,

cuántas verdades hemos ido tejiendo
desnudando pasados y mentiras,

cuántos momentos
de luz de calor
de magia compartida,
cuántos corazones
hemos dibujado en el aire,

cuántos te quieros
hemos dejado en silencio…

ahora,
nada de esto importa,

hoy,
de nuevo descubro,
de nuevo siento,
que el infinito anda muy cerca
cuando en mis brazos te sostengo,
cuando te acaricio el pelo
y en silencio
te deseo.

cali, septiembre de 1990.

 

aniversario

te quiero
porque has abierto ventanas ocultas tras las persianas,
porque has limpiado mis ojos
y has sembrado colores que mis paisajes no conocían,
porque mi corazón tiene pasadizos nuevos
que tus manos han labrado,
porque mi mente tiene fronteras inexploradas
que tus palabras han despertado.

te quiero
porque no soy el mismo hombre
que ayer encontraste en tu lecho,
porque he ido liberando mi alma
y siento la brisa sobre mi pecho,
como siento tus manos cuando me abrazan,
como siento tus ojos cuando me buscan,
como siento tus besos
sobre mi boca
y mi silencio.

te quiero
porque un año más ha llegado
y estás conmigo,
porque el amor sigue acercándonos
entre todo
y a pesar de todo,
porque he encontrado el estrecho espacio
que separa tu risa del azul del cielo
que separa tu piel del universo

cali, diciembre de 1990.

 

cuando doy los primeros pasos

a hugo papá…

siempre estás a mi lado
aquí sobre mi hombro,
como ese amigo constante,
que de lejos me mira
y en silencio me aconseja;
como una fuerza tranquila,
que de cerca me sostiene
y me apoya.
tu ausencia me acompaña
siempre estás presente,
aquí sobre mi frente,
como ese guía persistente,
que modera mis andanzas
y cuestiona mis pasos
como un cómplice incondicional,
que me reprende
y me sostiene la mano cuando todo falla.
tu ausencia empuja mis pasos
siempre estás conmigo
cuando miro a las estrellas
y me siento pequeño,
cuando observo mi hogar
y me siento agradecido,
cuando escribo palabras en un papel
y mi sangre riega mis arterias,
cuando oigo las ranas cantar
y me reconcilio con la tierra.
tu ausencia me ha dado alas
siempre amaneces junto a mí
cuando el sol llega a mi ventana,
cuando el agua corre por mi cuerpo
y mi frente se relaja,
cuando doy los primeros pasos
y mis zapatos me siguen,
cuando cierro la puerta
y me marcho a enfrentar el día.

 

el protegido puerto de tus brazos

de nuevo estoy a la deriva…
tus ojos,
como un faro distante en la noche brumosa,
observan mi paso vacilante,
temeroso,
esquivo tu costa quebradiza y desnuda,
y dejo atrás el arrecife
donde encallan mis dudas y tus palabras.
la oscuridad apremia
y el murmullo del viento
atraviesa el silencio que nos separa,
las olas del mar abierto golpean mis huesos,
una llovizna salada impregna mi pecho
mientras una luna blanca,
rompe las nubes e ilumina tu cuerpo.
te percibo a lo lejos y me defiendo,
el resplandor de tus ojos,
sobre la superficie agitada de mi piel,
me debilita,
y tus labios húmedos me arriman de nuevo
al protegido puerto de tus brazos,
entregándome,
sin anclas y sin amarras,
a mi destino.

 

el mameyal en el corazón

a los que todavía están y a los que han partido…

hay decenas de voces que escucho en el silencio de la noche,
palabras que se han venido filtrando entre las rendijas del tiempo
y desembocan en mis manos
humedeciendo el papel,
de historias de amor,
de recuerdos,
de fotos desteñidas,
de presentes y pasados que se unen y se encuentran.
mi corazón nuevo y sosegado,
recoge sangre de todos los que han partido
y en mis entrañas se recitan poemas,
se narran historias,
y me enseñan,
que mi vida,
es y ha sido,
fue y será,
pasará,
y que mis versos son de todos los que han sentido
esta tierra entre los dedos,
y han bebido el agua del manantial
que brota de lo más profundo del cerro,
del centro mismo de mi universo.