La Poesía de Margarita Gamboa

El Primer Beso

Rasgó la luna en arco, la oscuridad de un cielo
de junio. Era en un ángulo del jardín… hacía
jugar entre las rosas el aura un ritornelo…
La noche era un milagro de estrellas y armonía.

Callamos, nuestros labios ya no hablaron… en una
rara emoción; tus ojos de fuego me envolvían
y en la pasión callada de aquella flor de luna
mis manos, en secreto, tus manos oprimían.

Al ánfora divina, las almas se inclinaban
vencidas, y entre tanto los labios se acercaban,
una rosa en mis dedos lentamente moría.

De pronto ávido, ardiente, como una flor herida
tomaste prisionera, mi cabeza rendida
y en mi boca tus labios consagraron el ritmo.

 

Exhortación

¡Volvamos al amor! En mí no ha muerto
la ilusión de tus besos, de ser tuya!
Soy tu novia de ayer, la misma, a cuya
suerte enlazaste tu destino incierto!

Volvamos, que en mi pecho está despierto
el dulce anhelo de esperarte! Fluya
mi verso en torno, y que el pesar concluya,
que es infinito nuestro amor, ¿no es cierto?

Reanudemos los sueños que, en un día
feliz formaron la obsesión de hablarnos
de escribirnos. Amemos todavía…!

Y en continua emoción para adorarnos
volvamos al jardín, donde solía
la estrella de la tarde acariciarnos!

 

Tu Risa

Ríe, yo quiero oírte reír para mi vida
nostálgica y enferma, porque tu risa evoca
en mí, las horas bellas de mis primeros años,
cuando un recuerdo triste mi corazón no toca.

¡Ríe!… Yo siento que algo profundamente dulce
suscita en mí tu risa vibrante, fresca y loca,
sin duda fue en un éxtasis cuando sentí tu risa
romperse entre mi espíritu, como un cristal de roca.

Yo sé que ella, la alegre que el corazón invoca,
que me envolvió en tus besos y me arrulló en tus brazos
bajo las horas íntimas de la emoción intensa.

Tu risa, cuando todo se extinga y en mi boca
no sienta ya tus besos, ni me estrechen tus brazos,
sobre mi vida rota, se quedará suspensa.

 

Noche de Ausencia

La hora de nuestra profunda ternura
vibró en el vecino reloj del convento;
te esperó mi alma, te llamó, ¡Oh ventura!
de sentirte amado siquiera un momento.

Y la noche plena de extraña blancura
llenaba el sendero. De pronto un lamento,
cual hondo presagio de intensa amargura
puso en mi esperanza un estremecimiento.

Ya en vano mis ojos dolientes buscaron
la caricia tuya perdida en el viento,
y enfermos de miedo, sin fe, se inclinaron.

Tú, ya no vendrás…! La noche proscrita
murió en el vecino reloj del convento
y tú no acudiste, mi amado, a la cita.

 

Last-Time

Para sacramentar la última noche,
yo debo estar vestida
de terciopelo negro…

Yo ni un beso,
y tú, ni una palabra;
ni una palabra dulce y emotiva
ni un ademán galante!
nada que diga que en un tiempo fuimos,
dos profundos amantes,
que supimos
de la emoción de la caricia intensa
y del hondo deleite;
nada que nos acerque hacia el instante
que en otro tiempo calcinó en nosotros
la carne hecha pasión de nuestros cuerpos.

Tú, dirás muy despacio,
yo escucharé en silencio…
con las pupilas húmedas de ensueños
rotos por la impiedad de los momentos,
evocaremos nuestro amor,
las ansias locas.
de nuestros íntimos anhelos,
os silencios torturadores
y el volver riente, que tantas veces
condensó en palabras
amorosas la fe de nuestros sueños…

No intentarás siquiera
encender con el roce de tus labios,
el incendio moreno de mi cuerpo;
ni acariciar galante entre tus manos
sedosas y encantadas de caricias,
os pomos de mis senos…

Tú, de pronto
te erguirás al final de ese momento
y con una impasible y absoluta
serenidad de mármoles antiguos,
los dos en pie y en una misma copa,
apuraremos con la frase última,
el licor del olvido…
Después,
tú romperás la copa como un símbolo…
y, tras el breve
y angustioso final de ese momento,
Tú te irás de improviso…
¡Yo quedaré en silencio!

 

Hazme Eterno el Instante

¡Hazme eterno el instante de esta noche
tibia que nos envuelve!

Entre las sábanas.
mi cuerpo vibra voluptuosamente
al cálido conjuro de tus labios.
Y hay en tus labios un sopor de fiebre.

¡He despertado en la mitad del sueño,
soñando que volvías…..
Y, eran tus brazos fuertes que enlazaban
a tu cuerpo, mi cuerpo,
y en mi carne morena se encendían!
Eran tus labios dulces, que rompían
el profundo silencio de mis besos
y la quietud doliente de mis días.

Era tu cuerpo voluptuoso, firme,
que rozaba inquietante
el sereno calor de mis rodillas.

Hazme eterno el instante de esta noche,
leve como otras muchas noches tibias,
pero llena de encanto,
del encanto sutil de volver juntos
a vivir la emoción de una caricia;
aunque ello sea en mi dolor, un breve
paréntesis de dicha,
o la ilusión fugaz de una mentira.

Hazme eterna la noche en que tu aliento
acarició muy cerca mis mejillas,
y en que me adormeciste entre tus brazos
recios como palmeras del desierto
y suaves como un plumón de águila!

Soñaba que volvías…
y ¡El sueño era verdad!

 

Quiero Morir Alegre

¡Quiero morir alegre! que mi último momento
tenga para los míos, el consuelo absoluto
de que me voy contenta al viaje sin regreso..

Me doblaré en silencio con languidez de cisne
y la sencilla y breve serenidad del ave
que abandona su nido… Quiero que sea suave
el último secreto que murmure a tu oído,
como son las plegarias en los labios de un niño,
o como la nostalgia de una adiós presentido.

Quiero morir alegre… ni ruegos, ni lamentos
que interrumpan mi próximo y fervoroso encuentro
con el Dios de los justos que ha sido mi esperanza
y a quien he abierto siempre mi corazón sincero!

Quiero escuchar cadencias y arpegios de violines
en mi alcoba; y que no haya ningún semblante triste
junto a mi lecho, cuando se cumpla mi destino;
y muchas rosas rojas, gardenias y jazmines
saturando el ambiente rosado de mi existencia.

Entonces, el espíritu que animó mi existencia,
vagará en el perfume de las flores, o acaso
en el temblor remoto de una lejana estrella
de las que brillan trémulas en las noches calladas.

En lugar de liturgias sin objeto ni gozo,
cómprame un pedacito de tierra, donde siembren
más tarde, un jardín manos generosas y buenas
y nadie a turbar vuelva, nunca más mi reposo.

Por lo pronto, mi nombre, algún signo simbólico
que te recuerde siempre, lo que fuimos un día
en las azules horas de nuestro amor insólito…

Y, antes de que mis ojos se cierren para siempre,
quiero ver tu sonrisa conmigo y sentir, luego,
el calor de tus manos entre mis manos yertas
y el sabor de tus besos sobre mi boca muerta.

 

Fuga 24

Contagiaste mi vida del ensueño ferviente
que nos pone en el alma la nostalgia de amar;
contagiaste mi cuerpo de un delirio inquietante,
contagiaste mis labios del anhelo sensual!

Me enseñaste el secreto de las horas ardientes
en un ritmo de besos y voluptuosidad:

y después me dejaste con el alma en silencio
sola y triste a la vera de un florido rosal!

toda llena de ensueños, de ilusiones, de anhelos,
de caricias inciertas, de pecado y de mal!

Y después me olvidaste, y después me dejaste
con el alma impregnada de una sed de adorar,

de esa sed misteriosa que palpita en el pecho
cuando hay vida, y la vida no se quiere escapar!

y una tarde riente, bajo el sol incitante,
me cansé de ser buena, me cansé de llorar,

me cansé de esperarte con el alma en silencio
y tras de una caricia me escapé del rosal!

 

24 Este poema fue musicalizado por la compositora e intérprete cubana Ana María García y hace parte del álbum Poesía Necesaria realizado por la compositora y el poeta Hugo Cuevas-Mohr, bajo la dirección del músico italiano, Massmiliano Agelao.