Octavio Gamboa 

Noticias sobre mí mismo es el título de la breve autobiografía que Octavio Gamboa Tobón nos da a conocer en la última página del libro Regreso al Valle del Cauca y Poemas de viajes (Cali, 1981), que se impone reproducir en esta ocasión. Nada mejor que sea el mismo poeta quien nos dé testimonio fidedigno de sus vivencias y nos trasmita el compromiso que tuvo con la vida y con la fuente de su inspiración:

Nací en el cerro de Los Cristales, al occidente de Cali, el 31 de diciembre de 1923. Bachiller del Colegio de Santa Librada. Ingeniero civil de la Universidad del Cauca. Hice estudios de especialización en París. Trabajé en la construcción de la central hidroeléctrica de Anchicayá; después, durante diecisiete años, para el Lloyd’s Register of Shipping; y durante otros diez alquilé mi conciencia a mercaderes japoneses. En 1980 regresé a mi montaña original y en ella escribí este libro.

Es mi tercer libro de versos. Los anteriores son Canciones y Elegías (1963) y La voz que llega del misterio (1977). El próximo se llamará La luz del mediodía. Yo soy lo que son mis poemas, y lo que diga sobre ellos no tiene importancia: ni me aumenta ni me disminuye.

Sin embargo, aquí quiero decir que escribo versos con metro, ritmo y rima porque puedo. Porque tuve alguna facilidad inicial para aprender mi oficio. Soy como un carpintero que sabe escoger la madera, cortarla, pulirla y ensamblarla. Finalmente porque creo que los poetas debemos responder al ritmo del corazón humano; al balanceo de las cunas; a la vibración de la luz; al oleaje del mar y a la palpitación de las estrellas.

Me he comprometido en muchas cosas, pero cuando escribo sólo me comprometo con la vida. Con la vida grande, buena, con esta y optimista que podemos advertir en las manos de los obreros y los campesinos.

A lo anterior cabe agregar que siendo estudiante de Ingeniería Octavio Gamboa fue profesor de literatura en el Liceo de Bachillerato de la Universidad del Cauca, en Popayán; estudios profesionales que había iniciado en Medellín.

En entrevista realizada para el documental Los Gamboa: Una Dinastía de Poetas el escritor, poeta y ex presidente de Colombia Belisario Betancur recordó su amistad con Octavio, como estudiantes en Medellín:

Yo tuve el privilegio de coincidir en nuestra muy remota historia de estudiantes en Medellín con Octavio Gamboa. Él estudiaba Ingeniería y yo Derecho y Filosofía, y formábamos parte de un grupo muy pretensioso llamado el “Grupo de los Seis”. Juntos realizábamos tertulias, elucubrábamos, éramos catedráticos en diversas universidades; teníamos veinte años y no nos cabía el alma en el cuerpo… Octavio se distinguía en el grupo por la sobriedad de sus conceptos, por el rigor y el castigo que le imponía a su poesía; una poesía casi seca, sin adjetivos, casi matemática, como él lo era.

Octavio fue hijo de Mateo Gamboa Herrera y Maruja Tobón y tuvo nueve hermanos: Mateo, María Teresa, Estela, Carmen Lira, Gustavo, Eleonora, (la madre de Miguel Fernando Caro), Jorge, Carlos Arturo y Colombia. Su hermana Colombia, en el documental señalado con anterioridad, nos cuenta:

Crecer en una casa donde la poesía hace parte fundamental de la existencia es crecer en un mundo distinto, un medio ambiente que nos marcó a todos, desde la época de mi tío Isaías, de mi padre y luego, claro está, de mi hermano Octavio.

Luego de La luz del medio día (1982), en 1989 publicó Palabra en el tiempo, que lleva un prólogo del escritor Juan Lozano y Lozano y del cual es preciso traer, así sea en parte, su autorizado concepto:

El libro que comento (La voz que llega del misterio) coloca a Octavio Gamboa en la primera fila de los poetas colombianos contemporáneos y prolonga la alta prosapia espiritualista de los mejores poetas del Valle, de los cuales tienen también la compenetración con las cosas de la Naturaleza. Gamboa es poeta de traslúcida autenticidad que sorprende, ve, ama y expresa las sencillas cosas que rodean al hombre, embargado por las preocupaciones que él mismo se crea. La soledad, los árboles, el viento, la música, las aguas de los cielos, las aguas de los ríos, las plantas de los huertos, ese complejo de emociones que es la casa de una familia, ese espectáculo a la vez luminoso y abismal que es una noche con estrellas. Todo en la poesía de Gamboa es habitual, profundo y misterioso y todo está expresado con sencillez y emoción desconcertantes.

Con anterioridad, su fraternal amigo, coterráneo y poeta Antonio Llanos, a finales de la década de los años cuarenta, en una página de la Crónica Universitaria de Popayán, escribió un comentario que, por los talentos y sentimientos de quien lo emite, no puedo menos que transcribirlo casi en su integridad:

La poesía empieza a manar honda y bellamente de la ardida entraña de Octavio Gamboa. Y puede decirse que sus poemas son casi todos elegíacos. Una música suspirante, una atardecida ternura, una vaga saudade han invadido sus versos, que todavía no son la afirmación de su gran temperamento lírico. En él encuentro un fervor apasionado por la hermosura escrita, quiero decir, un libre deseo de aceptación de las normas estéticas. Al contrario de lo se cree en esta época de disgregación, la poesía verdadera requiere un justo cauce verbal y que el poeta sepa traducir su emoción con lealtad a las palabras. El propio conocimiento de la lengua no es oficio vano, sino disciplina inteligente que no menoscaba, sino que enriquece la personalidad humana. Pero este sentido estético tiene que ir unido al inefable tránsito de la poesía. Quien logra este milagro atraviesa maravillosamente la atmósfera hechizada donde los arcángeles y los poetas se entienden por signos, como las estrellas…

Tiene Octavio Gamboa adentro, en el corazón, el inefable don de la poesía; no obstante las influencias perceptibles en su escasa y segura obra, se siente circular bajo la superficie de sus palabras el mágico río que embellece esta tierra de lágrimas. Y creo sinceramente que es un poeta auténtico, porque es un alma de amor. Las almas de amor serán mayormente glorificadas que las almas de entendimiento, ha dicho un místico. Y si alguno ama, comprende lo que dice esta voz.

Conviene señalar que en la mencionada página de la Crónica Universitaria, vieron la luz los poemas Canciones de Amor y Poema de la Muerte, este último publicado de manera incompleta (siete estrofas). En esa misma época, también incompleto, apareció en un Suplemento Literario de El Tiempo de Bogotá. Por esta circunstancia y, además, porque su autor no lo incluyó en ningún de sus libros, aquí lo damos a conocer en su totalidad. Así como también se reproduce integralmente el poema de sus veinte años Canciones de Amor, poema del cual tan sólo publicó cuatro estrofas en el libro Canciones y elegías.

De época más reciente, el escritor y poeta Andrés Holguín, en su obra Antología crítica de la poesía colombiana 1874-1974, hace esta apreciación:

Son particularmente bellos sus poemas escritos en eneasílabos… una honda nostalgia, un hondo amor, un hondo pesar se trasmiten a través de sus estrofas, una innata discreción, impregnada de esa timidez que es frecuente en los temperamentos poéticos muy agudos ha hecho que la obra de Gamboa pase completamente inadvertida para el público y la crítica. Pocos son quienes la conocen, aprecian, sitúan: es justo recatarla de ese prematuro olvido.

Sin duda alguna, la poesía de Octavio Gamboa se caracteriza por su sensibilidad lírica, por el dominio y la pureza del idioma, por la afluencia y lucidez de las imágenes y por la delicadeza, la musicalidad y el ritmo expresivo de sus cantos. Compenetrado íntimamente con el paisaje del Valle del Cauca, cantó con afecto lúdico el lugar donde nació, la tierra de todas sus querencias. El retorno a la comarca del amor y de sus sueños suscitó a su inspiración una entrañable recreación de seres y de cosas en el telar de los recuerdos: la casa solariega de los abuelos, las gentes campesinas, los árboles, la llanura, los caminos, los ríos, la armonía del viento, el titilar de las estrellas; como que su ser limita con la luz de una estrella… Así lo advierte:

Recibí de los dioses, por única tarea,
reunir los fragmentos dispersos de una estrella

En fin, Octavio Gamboa, el “Bardo de la luz” y del misterio, fue un poeta auténtico y total. Así lo confirman plenamente los diversos poemas que recogemos en estas páginas, poemas que están precedidos con los destellos de un soneto de su primo, el poeta Carlos Hugo Gamboa:

EL BARDO DE LA LUZ

El bardo de la luz vive en la cumbre
de Los Cristales, hacia el Occidente;
allí, con las estrellas en la frente,
tiene para escribir su propia lumbre.
No hay en sus versos esa pesadumbre
que se arraiga en el alma duramente;
pero no es su sentir indiferente
del dolor a la humana servidumbre.
El bardo de la luz bien me decía
que desde el mirador de su cabaña
había visto “la luz del medio día”…
Yo digo más: si desde su montaña,
y con el prisma de la poesía,
dice que ha visto a Dios, no nos engaña!

Carlos Hugo Gamboa

Réstanos agregar que Octavio Gamboa además de poeta fue un escritor de aquilatada pluma, tal como lo demuestran sus frecuentes artículos periodísticos que, con el título de Los trabajos y los días, publicó en El Pueblo de Cali. Y una muy significativa particularidad de su vida artística y profesional: la inmensa predilección por la música clásica; de aquí sus poemas dedicados a Bach, a Mozart y a Beethoven. Con razón no pudo menos que musitar alguna vez: Sólo quiero que un día de mí se diga que fui un hombre que llegó a los cuartetos de Beethoven.

Otra de sus predilecciones fue su amor por la pesca, afición que lo llevaría a visitar ríos y lagos de Colombia, ya fuera solo o en compañía de su esposa Emma Alder y de sus hijos Alejandro y Juan Cristóbal. El río, el agua, el cauce y la corriente, los pececillos que tienen el color de tus ojos están siempre presentes en su poesía. En el poema Los pescadores solitarios Octavio nos dice:

Los pescadores solitarios
lentamente se vuelven ríos
ponen la sangre horizontal
y reflejan el infinito.
Reciben claros afluentes
que hacen su fondo cristalino
y en esta nueva condición
el hombre queda diluido…

En entrevista realizada para el documental que hemos venido mencionando, la poeta María Mercedes Carranza, hija del ilustre poeta y escritor Eduardo Carranza, amigo de Octavio, Directora de la Casa de Poesía Silva hasta su muerte, nos describía el porte y la figura de Octavio con estas palabras:

Octavio era un poeta tímido, recatado, que le gustaba permanecer a la sombra, lo cual fue una lástima, pues impidió que su poesía se conociera más en su momento y por eso es importante divulgarla. Octavio ocupa un lugar preponderante en la generación que post-piedra-cielista de la literatura colombiana, dentro de la generación de Fernando Charry Lara, Rogelio Echevarría, Andrés Holguín. La Casa de Poesía Silva lo invitó en 1989 a dar un recital y él llegó, no se me olvida, todo vestido de blanco y como un sacerdote oficiando nos leyó sus poemas a la naturaleza, poemas salidos de su montaña, de sus montes, de sus nubes bajando de la cordillera.

De estas palabras de María Mercedes surge en nuestras manos el poema de Octavio Un hombre vestido de blanco, hombre que puede ser él y no ser él, una sombra blanca que aparece y desaparece por encanto:

A veces lo siento a mi lado
siempre está vestido de blanco.
Parece venir de muy lejos
por caminos hondos y vagos.
Pero no tiene forma fija
ni ocupa sitio en el espacio.
Se diría que es solo aire
endurecido y opacado…

Antes de su muerte había regresado de Bogotá a su Mameyal querido y se encumbró en la casa de piedra que había construido mirando al valle de sus amores. El alma de Octavio Augusto Gamboa Tobón se apagó, para desdicha del Olimpo colombiano, en Cali en el año de 1990.

Bibliografía

  • Canciones y Elegías, Editorial Norma, Cali, 1963.
  • La voz que llega del misterio, Litografía Arco, Bogotá, 1977
  • Regreso al Valle del Cauca y poemas de viajes, Editora Londir, El Pueblo, Alcaldía de Santiago de Cali, Cali, 1981.
  • La luz del medio día, Carvajal S.A., Cali, 1982
  • Palabra en el tiempo, Editorial Pacífico, Cali, 1989.
  • Canción encantada y Poema de la muerte, en La poesía en el Valle del Cauca,
    Extensión Cultural, Imprenta Departamental, Cali, 1949.
  • A un estudiante caído, en Síntesis de la poesía colombiana antología 1952 – 1964; Edit. Hispana, Bogotá 1964, pág. 119.
  • Canción entre hadas y A un aviador muerto, en Revista de la Universidad de Antioquia. Poetas de Colombia 7, El Valle del cauca, núm. 158, julio – sept. de 1964. Págs. 23 – 25.
  • Octavio Gamboa, en Antología Crítica de la poesía colombiana 1874 – 1974 por Andrés Holguín, Biblioteca del Centenario del Banco de Colombia, Editorial Op. Gráficas Ltda., Bogotá, 1974, pág. 187.
  • Vuelve amor y necesito estrellas, La llamada, El amigo olvidado, Epitafio y Sobre un tema de Jung (poemas), en Antología Crítica de la poesía colombiana 1874 – 1974, por Andrés Holguín, Biblioteca del Centenario del Banco de Colombia, Editorial Op. Gráficas Ltda., Bogotá, 1974, págs. 188 – 194.
  • Octavio Gamboa, en Poetas Colombianos, Olimpo, Parnaso, Llanura, Báratro, Tártaro, Las damas por Enrique Uribe White, Editorial Carrera 7ª Ltda., Bogotá, 1979, págs. 23 – 24.
  • Octavio Gamboa, en Rogelio Echavarría, Quién es quién en la poesía colombiana Ministerio de la Cultura, El Áncora Editores
  • El bardo de la luz, en Carlos Hugo Gamboa, Más allá de la noche, inédito.
  • Los Gamboa: Una Dinastía de Poetas, Documental realizado por la FUNDACIÓN ‘VERSO A VERSO”, Cali, 2003
  • En 1982, el compositor colombiano Luis Carlos Figueroa Sierra compone la canción Elegía del Regreso, con letra de Octavio Gamboa.